Presentimiento

Ayer, al salir temprano de la universidad en donde me encuentro trabajando ahora, de pronto tuve un presentimiento, presentí que me había perdido otra vez, y por eso decidí escribir este breve relato, para poder comprender qué me pasaba.

Ayer, al salir temprano de la universidad en donde me encuentro trabajando ahora, de pronto tuve un presentimiento, presentí que me había perdido otra vez, y por eso decidí escribir este breve relato, para poder comprender qué me pasaba. Me perdí a como se pierde el águila en el cielo, a como se pierde la noche en el bermejo crepúsculo de la mañana de un mes cualquiera o al igual que se pierde la lluvia en el invierno o un guijarro en el fondo del río.

Caminé por calles transitadas, por callejones de tierra y barriadas, y en las desvencijadas casas que se encuentran cerca de Bolonia, me detuve a contemplar una casita con infinitos agujeros surrealistas de metal, plástico y cartón que se encuentra la orilla de un cauce, en donde la ropa lavada se encontraba colgada y secándose en unos alambres de púas bajo el inclemente sol de octubre, mientras en la paupérrima y pulcra casa de pronto pude sentir mi espíritu tan pobre y análogo a la humilde vivienda en donde permanecía sentada en una silla abuelita del rincón del cuchitril, un niño y una dulce anciana con cara de ángel que me dijo sonriendo “Pasa hijo no tengas miedo, aquí no es peligroso”, agradeciendo sus melifluas palabras seguí mi camino sin rumbo cierto, ya que lo único cierto en ese momento era que necesitaba encontrarme cuanto antes y cuanto antes mejor porque sentía que me perdía cada vez más que caminaba en la arenas movedizas de la cotidianidad.

Era menester hallarme más pronto que nunca, mientras en una esquina avizoré a un grupo de borrachos que discutían de política y religión, y cerca de la colonia San Martín doblé en la primera esquina que miré, buscando siempre la caída del sol ¿vos sabés?, para poder continuar caminando absorto en mis divagaciones, cabizbajo buscando la razón de mi repentina intuición y de la terrible sensación de sentir que me había desorientado en algún lado sin aparente motivo alguno. Seguí caminando con mi maletín y mi bolso del almuerzo a mis espaldas, por las calles de adoquín, asfalto, tierra y piedrín de la capital , en medio del tráfico de la tarde, entre la barahúnda de gente que a esa hora se encontraba saliendo de sus trabajos hasta llegar a la embajada de los Estados Unidos de América en donde un bus de la ruta 112 pasó fumigándome la cara con el humo del obsceno sonido de su escape, a la vez que subía mecánicamente sin darme cuenta la pendiente que te lleva también al parque Las Piedrecitas, en donde por lo visto parecía que la Alcaldía de Managua iba hacer desaparecer o reconstruir el histórico parque, al igual que había sucedido con la embajada de la extinta Unión Soviética que en los años ochenta se encontraba en el mismo terreno a donde se había trasladado ahora la Embajada USA, en realidad no sé si esa serán las intenciones del gobierno, en realidad no me importó o si me importó no lo recuerdo bien ahora.

Es que tampoco me gusta andar hablando cosas a la ligera, no me gusta andar publicando con el pito y el tambor cosas que no sé a ciencia cierta, por eso no me gustan mucho los noticieros de la televisión, la radio o el internet.
Ahora, si de encontrarme se trata todo esto, entonces les digo sinceramente que con dificultad me gusta leer el periódico, por eso solo los sábados me animo a darle un vistazo a la página literaria de LA PRENSA que deja mucho que desear con respecto al suplemento literario de Pablo Antonio Cuadra (q.e.p.d.) la verdad es que disfruto más leyendo un libro, una novela o un cuento interesante de filosofía o simplemente leer cualquier libro que considere justo y necesario y que sobre todo me ayude a encontrarme cada día más en este disco duro en donde vivo ahora.

Es que la vida para mí es una obra literaria y los libros de literatura universal por lo general no me provocan la sensación de estar perdido, es cierto y lo confieso, la lectura, me embriaga, me enloquece, pero nunca me deja un vacío a como me sucede a menudo con la rutina. En los libros nunca siento que me extravío o desvarío y muy por el contrario siento más bien que me encuentro cada vez más cerca del Ser y la Nueva Esperanza.

Debido a la falta de espacio solamente me resta decir que llegué exhausto a casa en el momento que cayó el sol y el manto de la negra, misteriosa y anhelada noche lo envolvía todo con su mortaja. Y acostado en la cama de mi habitación leyendo el libro de poesía de Rilke que me regalastes, con la radio encendida y el internet conectado repentinamente miré caer por la ventana de vidrio la centellante brisa en las rosas del jardín que tu misma sembraste antes de partir, y súbitamente pude comprender que desde que te fuistes de mi lado, tengo el presentimiento de que me pierdo en algún lugar en este largometraje en que me dejastes solo, porque desde que te fuiste, desde aquel aciago día que desapareciste vivo perdido en el amor.

Cultura Cuento Nicaragua archivo

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COMENTARIOS

  1. Hace 10 años

    Me gusta la manera en q detalla el vacio q intentamos llenar admirando las cosas q no todas las personas valoran en dia, me siento identificado con el trajín de un día cansado sabiendo q lo único q queda es el bello recuerdo de las cosas q más tienen valor los recuerdos bellos de aquélla persona q tanto te quiso y amo y como involuntariamente uno trata de entender estavida cruel llena de tanta rutina q nos vuelve huecos y infelices, muy bien Eugenio excelente artículo! !

  2. OSCAR ANTONIO LOPEZ
    Hace 10 años

    Eso mi caballo, como siempre haciendo alarde con tu intelecto, es un trabajo muy bien elaborado, lleno de sentimiento a ese ser que nos dio la chispa de la vida y que a cada día como dice la canción de Tercer Cielo, cada día ora por nosotros, y que estoy seguro que nuestro Señor Jesucristo, te felicito hermano porque con esa sapiencia que Dios, te dio le dedicas esas palabras tan llenas de amor a tu madre, un ser supremo que solo puede ser comparado con el Todo Poderoso.

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