El mundo está viviendo las grandes migraciones del siglo XXI. Consecuencia de la crisis económica global, países con grandes poblaciones, combinadas con entornos muy competitivos y/o con limitada capacidad de absorber la mano de obra local, están exportando gente a países más desarrollados.
En los países más desarrollados la tasa de natalidad viene disminuyendo y la longevidad de sus poblaciones creciendo de forma importante; lo que hace necesario contar con la disponibilidad de mano de obra joven, tanto para trabajar como para sostener el sistema de pensiones cada vez más cargado.
Los países y regiones menos desarrollados mantienen tasas importantes de crecimiento de población joven, mayor a su tasa de crecimiento económico, que se enfrenta a bajos niveles salariales y educativos, lo que los lleva a la necesidad de buscar mejores oportunidades de trabajo fuera del país.
Procesos de integración económica y social (Unión Europea, tratados de Libre Comercio, etc.) han acelerado la velocidad de la migración e integración poblacional.
Los países asiáticos que han realizado importantes inversiones en educación, cuyas economías crecieron fuertemente en la década pasada, están exportando importantes cantidades de población muy competitiva, adicta al trabajo 24/7, con recursos económicos, nivel académico y manejo del inglés.
Hoy es mayor la migración que recibe Estados Unidos de China que de México. Hay también importantes migraciones de Venezuela y Colombia a países más desarrollados de Centroamérica como Costa Rica y Panamá.
Para mantener su crecimiento, grupos económicos y financieros colombianos, mexicanos y venezolanos vienen realizando compras de aerolíneas, bancos o ingresado con sus propios grupos económicos y financieros en la región centroamericana.
Los cambios en la composición de población (matrimonios entre grupos de población, descendientes de migrantes/segundas generaciones, familias desintegradas en los países de origen, etc.) ocasionan impactos en lo social, político y económico, tanto en el país que exporta, como en el que importa gente.
En varios países desarrollados se están radicalizando cada vez más las presiones políticas anti-inmigración, por la presión que ejerce el grupo migrante sobre la competencia en el mercado laboral, en economías que vuelven a ingresar en una etapa de bajo crecimiento económico.
Además del cambio en la composición y estructura de la población de los países (cultura, gastronomía, costumbres, formas de hacer negocios), veremos cambios importantes en la enseñanza, salud pública, mercado laboral, política de inmigración y sistema de pensiones.
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