Castigados por la sequía y el poder

El presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), Michael Healy, hizo este martes 3 de noviembre una valoración de los daños causados por la sequía.

Según los datos de Upanic que Healy dio a conocer en el II Congreso Nacional Agropecuario, las mayores pérdidas a nivel nacional por causa de la sequía han sido en los cultivos de sorgo y caña de azúcar, con una afectación de 10 a 15 por ciento. Y de acuerdo con la información publicada ayer en LA PRENSA, el dirigente empresarial agropecuario agregó que alrededor de 1.2 millones de reses —del total de 5.2 millones de animales que integran el hato nacional—, “están en riesgo de sufrir los efectos de la sequía, especialmente en el Corredor Seco”.

Ya era del conocimiento público que donde la sequía ha causado los mayores estragos, ha sido en el Corredor Seco de Nicaragua, que comprende 33 municipios en una extensa franja que cruza las regiones del Pacífico y el Norte del país. Además, el daño allí no es solo económico, sino principalmente humano, por el hambre que sufre la gente de esos lugares a causa de la pérdida de las cosechas de granos básicos y por tanto la falta de alimentos.

Sin duda que las pérdidas en la agricultura de exportación son importantes para el país. Pero es peor el daño en la producción de granos básicos en el Corredor Seco, porque en este caso se trata de una tragedia humana como es el suplicio del hambre. Ante esta dramática realidad, se ve más repulsiva la mezquindad del régimen orteguista que no permitió a la organización de campesinos opuestos al Canal distribuir un valioso cargamento de granos básicos entre sus hermanos del Corredor Seco azotados por la tragedia de la sequía.

No hay que olvidar, sino guardar para cuando se tenga que cobrar deudas, que el lunes 20 de octubre la Policía orteguista detuvo en la ciudad de Ocotal cuatro camiones cargados con 800 quintales de granos básicos y otros productos alimenticios, para que no fueran distribuidos entre unas mil familias que no tienen nada para comer. Y que la explicación que dio el régimen de Daniel Ortega de su arbitraria e inhumana actitud, fue que todas las donaciones se deben canalizar por medio del sistema gubernamental de prevención y atención de desastres.

En el mundo civilizado, la primera preocupación del Estado y el Gobierno es el bienestar de la persona humana. En segundo lugar viene la protección de las libertades, garantías y derechos individuales y colectivos de los ciudadanos. Y solo después deben estar las funciones estatales burocráticas, coercitivas y represivas.

Pero en Nicaragua ocurre al revés. En el sistema orteguista el Estado, el Gobierno y el gobernante se afanan primero por perfeccionar los mecanismos de la represión y hacer obras de fachada, para ocultar la corrupción. Solo después se preocupan por atender a las personas, pero no a todas, solo a las que identifica como sus partidarias o aquellas de las que quieren conseguir sus votos. Todos los demás nicaragüenses, sobre todo los del Corredor Seco que padecen hambre por la sequía, son personas de segunda, tercera o cuarta categoría para quienes detentan el poder en Nicaragua.

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