En la era moderna del nuevo milenio el enfoque de algunos gobiernos y organismos internacionales sigue apuntando a la reducción de la pobreza; esta al igual que decenas de años atrás sigue moviéndose rítmicamente en función de variables como el empleo, inversión, tendencias naturales y antropogénicas, educación y oportunidades.
Desde hace ya 28 años (1987) los gobiernos y organismos conocen el Enfoque de Medios de Vida acreditado como “EMV” propuesto en el reporte del Grupo Consultivo de la Comisión Mundial sobre Medioambiente y Desarrollo (WCED, 1987), con base en el análisis de los vínculos entre las políticas de desarrollo, la pobreza y la degradación ambiental, esta propuesta se basa en los recursos que poseen las personas, las familias y las comunidades; su salud, su formación, lo que poseen, su ambiente y su futuro, vinculado a tres grandes dimensiones; las actividades que realizan, los bienes que poseen y que necesitan, y las capacidades.
Este enfoque propone centrarse en las personas más vulnerables, en aquellas que carecen de oportunidades y que pasan a formar parte de los grupos prioritarios, esta propuesta ha sido retomada por las agencias de desarrollo y organismos de ayuda humanitaria, las cuales han logrado darse cuenta que la manera de proveer desarrollo y bienestar es restaurando los medios de vida de las persona, las familias y comunidades.
En la travesía de buscar el desarrollo sostenible, debemos tomar una variable muy en serio, la variable ingreso. Mientras esta variable siga siendo de resultados deficiente en las mayorías, siempre tendremos un mundo desequilibrado, depredador e indiferente. Para equilibrarlo necesitamos que esa gran mayoría que es la pobreza, pierda parte de sus componentes. La pobreza tiene causas y efectos, y el enfoque de medios de vida ataca a cada uno por separado, con la lógica de unir sus resultados al final.
Las causas de la pobreza son elementos difíciles de controlar como el crecimiento poblacional y la urbanización sin límites, ante estas avalanchas se debe prever algo utilizando un enfoque de medios de vida que permite crear oportunidades en dos vías. Estas son acceso y desarrollo, acceso a factores de desarrollo de las personas y el desarrollo institucional y gubernamental de cada elemento de servicio político y administrativo.
El EMV elimina el enfoque tradicional de responsabilidad, dejando únicamente a los gobiernos como responsables del desarrollo. Este nuevo enfoque propone a tres grandes elementos la creación de oportunidades. La base son las personas pobres dispuestas a cambiar su destino, los gobiernos con estructuras sólidas que garantizan acceso, y junto con el gobierno, las empresas creando condiciones utilizando sus acciones y actividades de Responsabilidad Social Empresarial. Estas relaciones simbióticas garantizan una era distinta para combatir la pobreza.
Para completar el enfoque sistémico, las políticas de gobierno deben estar enfocadas en crear y fortalecer capacidades institucionales, capaces de generar el vínculo gobierno y ciudadanos, más una estrategia que promueva programas de inclusión con formación para grupos excluidos, combinado con la dotación de recursos que promuevan la conquista del bienestar y de los sueños de cada persona en el mundo. Los pobres también sueñan. Si logramos aplicar el enfoque de medios de vida, lograremos ingresos para los pobres y a la vez lograremos ir reduciendo la pobreza de manera efectiva.