A la oposición se le acusa de que siempre se manifiesta contra el Gobierno pero nunca se pronuncia a favor de algo, o sea que no plantea alternativas. Y se asegura que esa es la razón principal por la cual la oposición se ha reducido a una mínima expresión.
También algunos observadores externos, políticos y diplomáticos, piensan y dicen lo mismo de la maltrecha oposición nicaragüense. Sin embargo esa es una apreciación superficial, e injusta con la débil pero activa y persistente oposición a la dictadura de Daniel Ortega.
Es cierto que la oposición se encuentra en un estado de mucha debilidad y tiene poca capacidad para influir en la vida política del país, pero no es solo por su propia culpa. Cuando se dice que Ortega ha desvirtuado la institucionalidad democrática del país en provecho de su proyecto dictatorial, no hay que olvidar que entre las instituciones de la democracia socavadas por el orteguismo están los partidos políticos y la sociedad civil. Estos también son víctimas del avance del autoritarismo orteguista y sobreviven con mucha dificultad.
Además, la denuncia de la dictadura es al mismo tiempo una propuesta para sustituirla con la democracia. Estar contra el régimen autoritario de Daniel Ortega es pronunciarse por el respeto a los derechos humanos y la vigencia de las libertades civiles y los derechos políticos; por el restablecimiento del Estado de Derecho, la recuperación del sistema de separación, independencia y control recíproco de los poderes públicos; por la transparencia gubernamental y la alternabilidad en el poder a través de elecciones justas y transparentes, etc.
Por otra parte, en estricto sentido no es cierto que la oposición carece de propuestas alternativas a las acciones del régimen orteguista. Todos los grupos, partidos y alianzas opositoras tienen sus programas de gobierno, listos para ser ejecutados cuando se cambien los roles en el ejercicio del poder político, es decir, que la oposición de ahora se convierta en gobierno democrático y que el orteguismo vuelva a ser la parte opositora.
La verdad es que si hay algo que abunda actualmente en Nicaragua, aparte de las arbitrariedades gubernamentales, son precisamente las propuestas programáticas y operativas de la oposición, de la sociedad civil y de los grupos de reflexión democrática, para reconstruir las instituciones, recuperar la democracia republicana, darle sostenibilidad y mayor dinamismo al crecimiento económico y el mejoramiento social por medio de la seguridad jurídica sin condiciones, y de la libertad de empresa sin supeditación a transacciones palaciegas que muchas veces se hacen al margen de la ley.
Por supuesto que con esto no queremos decir que la oposición no tiene defectos, orgánicos y funcionales. Sin duda que los tiene y debe luchar contra ellos con el mismo empeño que lucha contra la dictadura orteguista.
Por ejemplo, la oposición necesita dar paso a los relevos generacionales, desterrar el caudillismo en cualesquiera de sus formas, renovarse éticamente, enfatizar sus propuestas sociales y asegurarle a la gente que serán implementadas sin discriminaciones partidistas. Y cultivar nuevos liderazgos capaces de atraer a los ciudadanos que están frustrados por las traiciones, los pactos de cúpulas corruptas y los pleitos intestinos propios de políticos tradicionales y caducos.
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