El chinandegano Guillermo Antonio Gómez Espinoza, de 31 años, murió tras recibir varios disparos cuando reparaba un automotor en un taller de mecánica, en la colonia Mejicanos, Buena Vista, de la capital salvadoreña. También fue asesinado otro joven salvadoreño y aparentemente el hecho ocurrió porque no pagaron “la renta” a los delincuentes.
María de la Concepción Espinoza, madre de Gómez, permanecía un tiempo en San Salvador y solía regresar a Chinandega como lo había hecho el martes pasado, pero cuando supo del suceso viajó la madrugada del viernes para repatriar el cadáver de su hijo.
Tras solicitar apoyo en vano al Consulado nicaragüense decidieron sepultarlo en aquel país. Gómez vivió su niñez y parte de la adolescencia en el reparto David Andino, sector noroeste de Chinandega.
HACE DIEZ AÑOS
Gómez emigró hace una década a ese país en busca de trabajo y desde hace un año laboraba en el taller donde lo mataron. El jueves a las 11:00 a.m. llegaron al taller dos sujetos y tras descender de un vehículo se dirigieron a dos de los trabajadores del local disparando a mansalva.
Aparentemente el crimen ocurrió por la falta de pago de la renta que cobran integrantes de la mara y al no encontrar al responsable del taller acabaron con la vida de los trabajadores.
Alexandra Carolina Gómez lamentó lo ocurrido. Dijo que regresó hace cinco años de El Salvador por la peligrosidad que envuelve a ese país centroamericano pero su hermano había decidido quedarse.
El cadáver del chinandegano fue entregado el anochecer del viernes a la familia nicaragüense en San Salvador, quienes lo sepultaron a las 10: 00 a.m. de ayer en uno de los camposantos de la capital salvadoreña.
9 chinandeganos han fallecido en lo que va del año en países con alta peligrosidad de maras y narcotráfico. En los últimos dos meses han muerto cuatro personas, dos en Guatemala y dos en El Salvador.
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