Hace algunos días escuchaba opiniones sobre si deberían desaparecer o no los partidos y veía el vídeo de un dirigente chileno, que propone la desaparición de los partidos políticos y que el pueblo seleccione y vote por los hombres y mujeres más íntegros de la patria
Otros dicen que el problema no son los partidos, sino los caudillos, que se apoderan de ellos y nada se mueve al interior de sus militantes sin su aprobación. Casos concretos, Arnoldo Alemán con el PLC y Eduardo Montealegre con el PLI, que los tienen secuestrados igual que el Daniel Ortega en el caso de los mal llamados poderes independientes del Estado, que en la práctica están subordinados a su autoridad.
Mi buen amigo, el licenciado Roberto Arévalo Alemán, me explicaba que precisamente una verdadera independencia de los tres poderes en un gobierno constitucional, es la esencia de un Estado de Derecho y al desaparecer los partidos, esto no es posible. Otros amigos añaden que la solución es la depuración de los partidos, eliminando los personajes o caudillos que los mantienen cautivos y en cada elección se vuelve un círculo vicioso.
Por mi parte considero que otra forma de perseguir el mismo objetivo sería revisar la ley de partidos, si existe esa ley y se encuentra consignada en la Constitución Política de la República, y realizar las reformas necesarias para que las reglas en la escogencia de precandidatos y candidatos sean más justas para los miembros de cada partido. Dicho con otras palabras, que todos tengan iguales oportunidades en las primarias.
El problema real del porqué es imposible en Nicaragua lograr que los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial sean independientes, es que los diputados son elegidos en planchas y el partido vencedor gana automáticamente los curules de acuerdo al porcentaje de votos que alcanzó en las elecciones presidenciales; y la única forma de evitar esto es que las elecciones para diputados se realicen independientemente de las presidenciales, en forma directa por los electores en el distrito de nacimiento del candidato y con un poder legislativo realmente independiente. O más balanceado el nombramiento del presidente y los magistrados de la CSJ, lo que generalmente se hace a partir de una terna que no debería ser presentada solo por el ejecutivo sino por consenso. Lo mismo en el caso de la Contraloría y con el CSE, mientras se cambia a un cuerpo colegiado independiente sería el mismo procedimiento.
Por otra parte, quiero decir que soy testigo de que en Canadá —y quizás en otros países en el mundo— el sistema de elecciones no partidarias para las municipales ha funcionado a la perfección, los electores de una ciudad o municipio votan por personas y programas; y en el caso de elecciones generales los escaños del Parlamento se asignan de acuerdo a los ganadores de las circunscripciones por cada partido, incluyendo candidatos independientes.
Para una población de 30 millones de habitantes que tiene Canadá participan únicamente 4 partidos, en contraste con Nicaragua que tiene un poco mas de 6 millones de habitantes y, según informó sin sonrojarse el presidente del CSE, hay 18 partidos, mejor decir micropartidos, registrados.
Debo añadir que en Canadá el partido que obtiene el mayor número simple de asientos en el Parlamento gana las elecciones, y su líder gana automáticamente la máxima posición que es la de primer ministro. Todos los líderes tienen la obligación de competir para un asiento del Parlamento, en sus lugares de nacimiento y si no ganan pueden perder ese liderazgo.
El autor es ingeniero agrónomo/ambientalista.