De acuerdo con el estudio del BID “Empleos para crecer”, el fuerte peso del empleo informal es el resultado del funcionamiento del mecanismo de búsqueda en el mercado de trabajo en las condiciones establecidas por la ley en lo que respecta a los costos no-salariales (salario mínimo, contribuciones sociales, pago de vacaciones y aguinaldo), considerando como dada la productividad media o PIB por trabajador.
En este modelo, las empresas contratarán a un trabajador siempre que su productividad esperada supere el salario bruto más los costos no salariales. El trabajador a su vez comparará si el salario bruto que se le ofrece más los beneficios más líquidos o visibles superan o no las opciones alternativas (el auto-empleo informal).
En un contexto como el nicaragüense, de una bajísima productividad media del trabajo, particularmente en la mayor parte de las empresas formales, que son las pequeñas y medianas, y más aún en las microunidades informales, las prestaciones o costos no salariales deberán ser extremadamente reducidos para no representar un porcentaje muy alto del bajísimo valor del producto medio por trabajador.
El problema fundamental, por lo tanto, reside en explicar por qué la productividad media del trabajo es tan baja, incluyendo a la mayor parte de las empresas formales.
¿Qué tiene que ver esta bajísima productividad media con la estructura productiva poco diversificada y altamente heterogénea, y el tipo de inserción internacional del país? ¿Guarda relación con el hecho de que su pobre capacidad tecnológica solo le permite producir un número limitado de bienes y servicios, de baja elasticidad-ingreso a largo plazo, en condiciones de productividad muy baja?
¿Por qué las empresas de mayor productividad, que pueden asumir costos salariales y no salariales más altos, no generan la mayor parte del empleo, como en países en que la productividad media es mucho más alta, y por qué la mayor parte de la fuerza de trabajo, compuesta por autoempleados y familiares sin pago, se ve obligada a crear sus propios empleos para sobrevivir?
¿Qué tiene esto que ver con la capacidad o no del país de diversificarse hacia nuevas actividades dinámicas, de mayor complejidad tecnológica y elevada elasticidad ingreso de la demanda, capaces de absorber porcentajes crecientes del empleo?
¿Se sostiene el supuesto de que las empresas no enfrentan restricciones mayores para acceder al conocimiento, la tecnología, la inteligencia de mercados y los recursos de inversión de mediano y largo plazo indispensables?
En el enfoque del estudio, en los hechos se parte de considerar como dada la capacidad tecnológica del país, el nivel promedio de calidad de sus recursos humanos, y el tipo de especialización en productos de bajo valor agregado, escasa complejidad y baja elasticidad ingreso a largo plazo, y por tanto, de considerar como dada la bajísima productividad media.
En este caso, la única manera en que las empresas formales considerarían rentable, en el margen, contratar a más trabajadores, sería si se redujesen a mínimos más reducidos todavía, el salario mínimo y las demás prestaciones de ley.
Pero aun así, esto solo operaría en el margen, es decir, permitiría que las empresas formales contraten un poco más de trabajadores, al costo de reducir a un mínimo verdaderamente ínfimo el grado de protección y prestaciones laborales.
Pero esto equivaldría a establecer la tendencia a equiparar las ofertas del empleo formal con las del autoempleo, es decir, tender a acercar las condiciones laborales del empleo formal hacia las prevalecientes en el empleo que crea la propia población, sin acceso a los recursos, para sobrevivir.
Pero sobre todo, significaría seguir posponiendo, indefinidamente, lo esencial: el impulso de un proceso de diversificación y transformación estructural que permita al país arribar a la fase de envejecimiento —en solo unas décadas más— en mejores condiciones.
*Economista
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