Frank Briceño Marenco

Los problemas de la desertificación

Este 17 de junio pasado se cumplieron 22 años de la creación por las Naciones Unidas del Programa de Lucha contra la Desertificación, de la cual el PNUD y nuestro país fueron signatarios y aquel ha estado todos estos años ayudando a pueblos pobres de América Latina.

En nuestro planeta tierra estamos actualmente enfrentando los serios problemas de la desertificación de muchos países: grandes y prolongadas sequías, como la actual en Nicaragua, donde ya más de tres mil familias están afectadas en el Corredor Seco del país, innumerables tormentas tropicales, deslaves descomunales en Perú, hambrunas descomunales en África, huracanes, fenómenos agrometeorológicos, como El Niño y La Niña, la desaparición del mar de Aral de 66,457 km cuadrados, el cuarto lago más grande del mundo en Asia central, donde fueron desviadas las aguas de los ríos Zirdaya y Amuraya que lo alimentaban, para utilizar sus aguas en los regadíos de algodón, todo un desequilibrio ecológico a nivel mundial y debemos saber que las razones principales por lo que estos fenómenos se presentan se deben a la degradación de la tierra en áreas áridas, semiáridas y subhúmedas o en transición al húmedo seco, todo esto como consecuencia de factores climáticos, como el calentamiento global y muchas actividades económicas, tales como la deforestación sin planes de manejo o una reforestación sistemática y sostenida, que haga de la actividad forestal una actividad ecoamigable y económicamente rentable, como lo hace Canadá, donde tuve la oportunidad de ver y conocer en su esplendor y grandeza los enormes bosques boreales de Montreal y Quebec.

La desertificación en el mundo se origina porque los sistemas de zonas secas que cubren más de la tercera parte de las tierras continentales, aproximadamente unos 4,854,597 km² son altamente vulnerables a la explotación irracional de los monocultivos y el aprovechamiento inadecuado de la tierra, agravantes a esta situación han sido la pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el avance de la frontera agrícola, el pastoreo excesivo de diferentes tecnologías pecuarias y las prácticas de mala irrigación que han afectado y degradado alrededor del mundo la productividad de la tierra en sus horizontes primarios (caso del Mar de Aral).

En los riegos de algodón a principios del siglo pasado en el centro asiático, donde hoy el lecho lacustre totalmente seco es fuente de contaminación y causa de múltiples enfermedades de los pobladores aledaños, al recibir las tolvaneras contaminadas de los residuos tóxicos presentes.

En los cinco continentes más de 250 millones de personas se hallan directamente afectadas por la desertificación y unos 1,000 millones de personas en más de cien países viven amenazados por ella, donde los más vulnerables son los ciudadanos pobres, marginados, políticamente débiles alrededor del mundo, de los cuales unos 560 millones no tienen acceso al agua potable (Indes-BID, marzo del 2013) y lo que es más cruel, en muchos países del mundo hay seres humanos que para mitigar su sed y necesidades básicas tienen que caminar hasta 2.|6 kilómetros, para abastecerse de agua.

En estudios recientes, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), estima que la lucha contra la desertificación, con esfuerzos y resultados tangibles, costaría en el periodo de los próximos veinte años, unos 22,000 millones de dólares norteamericanos por año, y lo que es más triste todavía, que este mismo organismo calcula que la desertificación priva a los países afectados de unos ingresos anuales de 42,000 millones de dólares.

Nuestro país Nicaragua, ratificó con su firma la convención de “Lucha contra la desertificación” y en estos años, considero yo como profesional, ha obtenido muy buenos avances en el ámbito del compromiso adquirido y lo ha ejecutado en dos fases, partiendo del primero, que fue elaborar el estudio país a través de un amplio proceso participativo, donde se vieron involucrados muchos actores de nuestra sociedad, sobre todo del área rural donde lo más importante fue la elaboración de un mapa que refleja las áreas más vulnerables en los procesos y etapas de transición de grandes sequías y desertificación, sobre todo, un ordenamiento territorial sobre el cual se elaboró un programa de acción nacional, los cuales deberían ser congruentes con la restauración del ecosistema y protección de la biodiversidad en zonas secas, así como el impulso de campañas de capacitación, comunicación e investigación que tengan que ver con el fomento de áreas forestales y campañas masivas contra los incendios forestales.

Para finalizar considero que en nuestro país debe haber todo un proceso de concertación ambiental, como segunda fase, avizorando un desarrollo sostenible, donde la actividad forestal sea un componente básico en el quehacer agropecuario de la nación.

En Rivas ya tenemos ejemplos de que la actividad forestal es económicamente rentable y ecoamigable, basta visitar el proyecto agroforestal del señor Clemente Poncón de 1,000 has. sembradas de pochote, cedro, caoba, laurel, en áreas escarpadas y planas, esto sirve para lograr contrarrestar la gran amenaza de la desertificación y podamos sustentar un país que tenga grandes reservas forestales para tranquilidad y seguridad de nuestras jóvenes generaciones, ojalá que los próximos diez años sean de acciones tangibles, como la mencionada anteriormente, donde existan proyectos que absorban la gran masa de colegas, ingenieros agrónomos, biólogos, ingenieros forestales, que hoy esperan por un puesto de trabajo, mientras comercian en el Mercado Oriental, con cualquier producto que les genere ganancias, para mantenerse ellos y su familia, subutilizando sus conocimientos y a veces sus experiencias, trabajos donde puedan poner en práctica los conocimientos enseñados por los insignes maestros de aquella ENAG de los años setenta, como el doctor Juan Bautista Salas, ingeniero Eduardo Marín, ingeniero Humberto Tapia y tantos que como este, ya no pudieron ver esa Nicaragua de sus años mozos, o los preclaros maestros de aquella EIAG de Rivas, ingenieros Amado Jiménez, Gregorio Vega Morales, Gersán Madrigal, Pedro Pérez Marenco y tantos otros que dieron su vida, prestigio y con sus enseñanzas, formaron excelentes profesionales en los últimos cincuenta años de esta linda profesión de la cual Cicerón dijo: “La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al ignorante y la profesión más digna para todo hombre libre”.

El autor es ingeniero.

Opinión PNUD archivo

COMENTARIOS

  1. El analista
    Hace 11 años

    Lástima que no distes el año que ratificó Nicaragua la lucha contra la Desertificación. Talvez en otro artículo te refieres al mismo y lo das a conocer. Gracias.

  2. Leonardo Perez Rodriguez
    Hace 11 años

    Buena Ingeniero me parece muy acertado y oportuno su exposición del tema, y nosotros los Ingenieros agrónomos, algunos con la magnifica oportunidad que hemos tenido de tener esos magnos profesores que Ud. menciono debemos hacer algo, la pelota también esta en nuestra cancha pero estamos desarticulados, no tenemos organización lo que significa no tener voz ni voto ni ser tomadas en cuenta nuestras opiniones, le invito a que nos agrupemos en nuestro Colegio. déjenos su tef. para contactarlo

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