Desde hace varias semana, Cáritas de Nicaragua ha venido alertando sobre el desastre que está causando la sequía en el Corredor Seco del país. Desastre económico, por el daño total a la producción de granos básicos y desastre humano por la escasez de alimentos y la hambruna subsecuente.
Pero el Gobierno no ha prestado la debida atención a este grave problema. De manera que Cáritas ha pedido oficialmente —por medio de su presidente, el obispo de Jinotega monseñor Carlos Herrera, y su director ejecutivo, padre Uriel Vallejos— que el Estado declare la emergencia en el Corredor Seco del país.
Cáritas es la institución de la Iglesia católica que atiende los problemas sociales y humanitarios, no solo mediante la práctica de la caridad cristiana sino también con programas de participación y acción comunitaria.La relación de Cáritas con la población y en particular con los sectores más pobres, es directa y transparente, sin las distorsiones burocráticas ni de intereses políticos egoístas, como las que tiene el Gobierno en sus vínculos con la población.
Si Cáritas dice que la situación creada por la sequía en el Corredor Seco es tan grave que amerita declarar la emergencia, es que en realidad la gente está padeciendo hambre y necesita atención urgente. Con base en datos tomados directamente en las comunidades, los directivos de Cáritas informaron el viernes pasado que la sequía está impactando de manera devastadora en 185 comunidades, 10 mil familias y más de 70 mil personas. “Este es un problema real y el Gobierno no puede seguir ignorándolo”, dijo el obispo de la Diócesis de Jinotega.
Daniel Ortega, en su discurso del 2 de septiembre con motivo del Día del Ejército, dijo que declarar emergencia por la sequía daría lugar a que algunos organismos internacionales envíen contribución, pero sería muy poca y “son muchos más los paquetes de alimentos que se entregan todas las semanas (de parte de su Gobierno) para atacar el hambre en la población de extrema pobreza”. Y se jactó el dictador de que con eso aseguran “que las personas no pasen hambre, con sequía o sin sequía”. Por su parte, el asesor económico presidencial declaró que no se puede declarar la emergencia porque los deudores de las instituciones financieras no pagarían sus deudas. Por sus bocas y sus hechos se les puede conocer.
La declaratoria de emergencia en las zonas devastadas por la sequía movilizaría recursos nacionales y de cooperación externa para asistir a los damnificados, y distribuirlos de manera organizada, transparente y equitativa. Pero los mecanismos de distribución del régimen orteguista son burocráticos, partidistas y discriminatorios. Apoyan solo a los partidarios del Gobierno excluyendo a quienes consideran que no lo son. Incluso, debido a la corrupción partidista las ayudas gubernamentales no llegan ni siquiera a muchos simpatizantes orteguistas.
Por su experiencia y capacidad organizativa, neutralidad política y sentido de caridad cristiana, Cáritas es la institución apropiada para distribuir la ayuda que necesita urgentemente la gente de las desoladas tierras del Corredor Seco de Nicaragua.