Los turistas en Nicaragua necesitan más educación y control durante el desove de las tortugas marinas, el cual se da cada año a partir de agosto, afirmó este miércoles el biólogo marino Fabio Buitrago.
«El turismo necesita educación y control, la gente tiene que respetar algunas normas para la conservación (de los nidos) que tienen que ver con entrenamiento, sensibilidad y conciencia», dijo Buitrago a Acan-Efe.
Cada año los quelonios visitan masivamente diversas playas del litoral Pacífico nicaragüense para depositar sus huevos en nidos, y al cabo de un mes y medio nacen los tortuguillos.
Los santuarios de tortugas más importantes de Nicaragua son La Flor y Chacocente, en las costas del Pacífico, declaradas Refugios de Vida Silvestre, y las reservas naturales Isla Juan Venado, el volcán Cosig ina y Estero Padre Ramos, en el occidente del país.
En estos lugares las tortugas desovan de manera masiva, pero también desovan en menores cantidades en otras playas que están a lo largo de todo el litoral Pacífico, desde Cosig ina hasta la frontera con Honduras, explicó.
Ayer, comenzó una arribada en Playa La Flor, donde pueden llegar entre 2.000 y 3.000 tortugas por noche, dijo el biólogo, añadiendo que cada arribada puede durar entre dos y cuatro noches.Cada tortuga pone un promedio de 100 huevos por anidada.A La Flor pueden llegar hasta 80.000 tortugas durante una temporada (julio a febrero).
Aunque en las playas de desove hay guardaparques que cuidan los nidos y se cuenta también con el apoyo del Ejército, la Policía Nacional y las Alcaldías, Buitrago consideró que aún es necesario hacer mayores esfuerzos orientados a la conservación de esta especie y que no se vea solo como un atractivo turístico.
Buitrago opinó que las tour operadoras que visitan esas playas pueden contribuir a prevenir que los turistas interrumpan el desove de las tortugas, promoviendo normas de conservación de los quelonios.
Sin embargo, «a veces la gente por desconocimiento alumbra a las tortugas con linternas y esto provoca que se devuelvan al mar», lamentó.
Se calcula que cada año llegan alrededor de 250.000 tortugas a Nicaragua, donde anidan diversas especies, entre ellas las paslama, verde, carey, laúd o tora, torita y la cabezona, que se encuentran en peligro de extinción por diferentes factores, la primera de estas es la que llega de manera masiva al país.