Aún cuando nada sustituye a la victoria, Nicaragua logró dar varios pasos valiosos en su pretensión de escapar a la mediocridad futbolística.
En primer lugar, el equipo se desmarcó de su pasado tenebroso y ha abierto sus brazos a un futuro prometedor que seguro alcanzará.
En futbol, jamás se había conseguido nada. Por eso cada triunfo en eliminatorias mundialistas, nos sabe a gloria. Y se lograron cinco.
Para una Selección que se agazapaba y que estaba más pendiente de su portería que de la de su rival, significa un gran avance. Ahora se ataca.
Hay pues, nueva filosofía de juego, una identidad, a la que hay que hacerle ajustes desde luego, pero se trabaja en la dirección correcta.
Y el cambio de mayor repercusión, está en el aspecto mental de los jugadores. Han aprendido a creer en ellos mismos y en sus capacidades.
Henry Duarte ha venido y les ha dicho que pueden jugar en otros países. Eso ha significado que cambien el alcance de sus metas.
Juan Barrera es ahora un jugador más pulido, con una técnica depurada y una visión de juego llamativa. Y seguro otros lo van a seguir.
Y así se puede mencionar a cada uno de estos jóvenes, para quienes su mayor triunfo ha sido vencer sus miedos y sus propias limitaciones.
Ahora más que nunca, se debe seguir trabajando, tan duro como sea posible. Este tropiezo ante Jamaica, solo debe servir para motivar.
Hay talento, deseos de superación y fe en el futuro. El camino no es fácil, pero hay que seguir tratando. Un día se obtendrá la recompensa.
Por ahora, solo resta agradecer a este grupo de jóvenes que decidieron sacudirse el pasado y mirar al futuro sin temores ni complejos.
Vale la pena seguir, aunque el camino es empinado.
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