Adrián Uriarte Bermúdez

El síndrome goebbeliano

El modelo actual de comunicación oficial (2007-2015), no solo priva la libertad de expresión a periodistas y medios, sino que también niega la autonomía profesional, creatividad y toma de decisión, a los divulgadores de las instituciones estatales.

Con esta determinación, se confirma cómo los divulgadores, también son rehenes de este modelo goebbeliano, el cual asume que lo más importante nos es informar acerca de la gestión pública, sino imponer un discurso uniforme que centre la figura del partido, y pase a un segundo plano la gestión pública.

El presente esquema de comunicación, toma como paradigma los principios de propaganda de Joseph Goebbels. Lejos de tener como campo de dimensión al ejecutivo, se expande en todo el Estado. Una de sus acciones más radicales fue desconstruir el modelo de comunicación pública, diseñado entre 1990-2006, el cual se caracterizó por ubicar en el centro a los periodistas, y la función de los divulgadores era trabajar cerca con los periodistas.

El presente modelo de comunicación pública, otorgó autonomía, liderazgo y promovió la competencia sana entre divulgadores; promovió la competencia sana entre los divulgadores estableciendo criterios técnicos de evaluación para estar frente en ese cargo; inclusive los mismos ministros trataban con respeto a los periodistas, asumiendo con claridad la credibilidad que otorgan los medios independientes a la gestión pública; dignificó no solo la labor del periodista sino también la función estratégica de los divulgadores en la gestión pública.

El modelo goebbeliano, asume que los divulgadores deben ejercer funciones operativas, siguiendo las líneas de propaganda diseñadas desde el gobierno. Esta visión vertical, impide que los gabinetes de comunicación hagan su propia planificación, innoven, diseñen campañas, administren presupuesto de publicidad oficial, brinden información y entrevistas a periodistas y tomen decisiones.

Contrario a los principios de comunicación pública, el modelo goebbeliano, entra en conflicto con el derecho a la información; los criterios de evaluación de los divulgadores se basan en los siguientes indicadores: cero información a periodistas independientes, cero publicidad estatal a periodistas y medios independientes, cero invitación a conferencia de prensa, cero acceso de solicitud de entrevista o información pública, cero actualización de página web oficial, cero entrevistas a los propios ministros y funcionarios públicos, cero producción de contenido institucional, porque lo más importante es poner el énfasis en el partido, no en el ministerio.

El síndrome goebbeliano, ha sido dañino no solo para el periodismo, sino también para los propios divulgadores del Estado. Como se puede observar, la presente estrategia oficial (2007-2015), centra su interés en dividir el trabajo colaborativo y cercano que había entre periodistas y divulgadores, en el modelo de comunicación pública (1990-2015), donde el mejor aliado del periodista para tener acceso a información era el divulgador, y en iguales términos, el mejor aliado del divulgador para visibilizar la gestión pública era el periodista. El principal mal causado por la estrategia goebbeliana, es que ahora los divulgadores ven con desconfianza a los periodistas, y no como sus aliados.

Los divulgadores dejaron de participar en el debate público. Actualmente los pocos divulgadores que muestran cierta autonomía en el ejercicio de sus cargos, son Roberto Larios, jefe de Relaciones Públicas de la Corte Suprema de Justicia; Fernando Borge, comisionado mayor y Jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional; y el coronel Manuel Guevara Rocha, portavoz del Ejército de Nicaragua. Sin embargo, la participación de estos funcionarios resulta simbólica, frente a la presencia mediática omnipresente de la poeta Rosario Murillo, Secretaria de Comunicación del Gobierno.

Definitivamente que la estrategia goebbeliana además de coartar la libertad de expresión de periodistas y medios independientes, también cercena la libertad y autonomía profesional de los divulgadores, que lejos de ser visto como profesionales claves de la gestión pública, sin víctima de este modelo goebbeliano, que les ha sido impuesto desde el ejecutivo.

El autor es comunicólogo. Doctorando Ciencias Sociales y Humanas, UCA.

COMENTARIOS

  1. Hace 11 años

    Según JULIO MARTÍN ALARCÓN, Joseph Goebbels, fue una especie de “san juan bautista”, presentando a Hitler como “el mesías” alemán. Todos sabemos como terminó el odiado y temido Goebbels. ¿Verdad?

    En Nicaragua, parece que tenemos una “hija” o “nieta” del infame personaje. ¡Pobres engendros del mal! ¡Qué final tan horrible tubo Goebbels!

  2. karluchin
    Hace 11 años

    A la manera de verlo de los divulgadores o publirelacionistas, ese sistema «goebbeliano» tiene aspectos positivos, pues muchas veces el vocero entiende el lenguaje e interés del periodista, cosa que casi siempre le es ajena al funcionario público y el divulgador se vuelve un efectivo intermediario que genera confianza con el funcionario, casi un facilitador. Creo que El divulgador por su cargo debería eximirse del debate público pues su presencia es una extensión de la institución o empresa.

  3. karlox
    Hace 11 años

    Algo que los lectores no periodistas tambien deben considerar, es que algunos periodistas sienten que tienen el derecho de entrar a todas las oficinas de una forma casi impositiva, seguros de que al clarmar «nos estan violentando nuestros derechos» todas las puertas se deben abrir como si fuera Moises abriendo el Mar Rojo. Existen tambien periodistas hostigosos y mal intencionados cobijados con la bandera del Periodismo independiente que no de gusto son repudiados por algunos funcionarios.

    1. Hace 11 años

      Lo que sucede es que esos dizque periodistas hostigosos- no son eso: periodistas, y estos son los que nos han echado a un lado , a los que fuimos a una aula de clase, y accidentalmente nos hemos convertido en periodistas independientes, por no tener un jefe y contar con la libertad de informar; es cierto eso se ha perdido aquel periodismo de los 90, transición de gobierno, cuando los divulgadores nos tiraban la piedra de X información y dábamos seguimiento. Excelente arto, felicitaciones.

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