El modelo actual de comunicación oficial (2007-2015), no solo priva la libertad de expresión a periodistas y medios, sino que también niega la autonomía profesional, creatividad y toma de decisión, a los divulgadores de las instituciones estatales.
Con esta determinación, se confirma cómo los divulgadores, también son rehenes de este modelo goebbeliano, el cual asume que lo más importante nos es informar acerca de la gestión pública, sino imponer un discurso uniforme que centre la figura del partido, y pase a un segundo plano la gestión pública.
El presente esquema de comunicación, toma como paradigma los principios de propaganda de Joseph Goebbels. Lejos de tener como campo de dimensión al ejecutivo, se expande en todo el Estado. Una de sus acciones más radicales fue desconstruir el modelo de comunicación pública, diseñado entre 1990-2006, el cual se caracterizó por ubicar en el centro a los periodistas, y la función de los divulgadores era trabajar cerca con los periodistas.
El presente modelo de comunicación pública, otorgó autonomía, liderazgo y promovió la competencia sana entre divulgadores; promovió la competencia sana entre los divulgadores estableciendo criterios técnicos de evaluación para estar frente en ese cargo; inclusive los mismos ministros trataban con respeto a los periodistas, asumiendo con claridad la credibilidad que otorgan los medios independientes a la gestión pública; dignificó no solo la labor del periodista sino también la función estratégica de los divulgadores en la gestión pública.
El modelo goebbeliano, asume que los divulgadores deben ejercer funciones operativas, siguiendo las líneas de propaganda diseñadas desde el gobierno. Esta visión vertical, impide que los gabinetes de comunicación hagan su propia planificación, innoven, diseñen campañas, administren presupuesto de publicidad oficial, brinden información y entrevistas a periodistas y tomen decisiones.
Contrario a los principios de comunicación pública, el modelo goebbeliano, entra en conflicto con el derecho a la información; los criterios de evaluación de los divulgadores se basan en los siguientes indicadores: cero información a periodistas independientes, cero publicidad estatal a periodistas y medios independientes, cero invitación a conferencia de prensa, cero acceso de solicitud de entrevista o información pública, cero actualización de página web oficial, cero entrevistas a los propios ministros y funcionarios públicos, cero producción de contenido institucional, porque lo más importante es poner el énfasis en el partido, no en el ministerio.
El síndrome goebbeliano, ha sido dañino no solo para el periodismo, sino también para los propios divulgadores del Estado. Como se puede observar, la presente estrategia oficial (2007-2015), centra su interés en dividir el trabajo colaborativo y cercano que había entre periodistas y divulgadores, en el modelo de comunicación pública (1990-2015), donde el mejor aliado del periodista para tener acceso a información era el divulgador, y en iguales términos, el mejor aliado del divulgador para visibilizar la gestión pública era el periodista. El principal mal causado por la estrategia goebbeliana, es que ahora los divulgadores ven con desconfianza a los periodistas, y no como sus aliados.
Los divulgadores dejaron de participar en el debate público. Actualmente los pocos divulgadores que muestran cierta autonomía en el ejercicio de sus cargos, son Roberto Larios, jefe de Relaciones Públicas de la Corte Suprema de Justicia; Fernando Borge, comisionado mayor y Jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional; y el coronel Manuel Guevara Rocha, portavoz del Ejército de Nicaragua. Sin embargo, la participación de estos funcionarios resulta simbólica, frente a la presencia mediática omnipresente de la poeta Rosario Murillo, Secretaria de Comunicación del Gobierno.
Definitivamente que la estrategia goebbeliana además de coartar la libertad de expresión de periodistas y medios independientes, también cercena la libertad y autonomía profesional de los divulgadores, que lejos de ser visto como profesionales claves de la gestión pública, sin víctima de este modelo goebbeliano, que les ha sido impuesto desde el ejecutivo.
El autor es comunicólogo. Doctorando Ciencias Sociales y Humanas, UCA.
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