El mundo se entristeció en estos días al ver en foto al niño Aylan Kurdi sobre la arena, mojado, boca abajo, ahogado. Dándole la espalda al mundo que lo rechazó y no le permitió la oportunidad de vivir en libertad, a ese mundo que tampoco se la dio a su hermano Galip ni a su madre, que buscando la libertad y huyendo de su país natal, Siria, en guerra desde hace muchos años, perdieron lo más preciado: sus vidas.
La muerte de un niño en cualquier circunstancia y más aún de una forma injusta es un fracaso absoluto para la humanidad, al morir un niño de cualquier edad en estas condiciones se pierde un futuro que ha sido soñado por sus padres, sus abuelos, por todos lo que lo rodeaban y dependido de la edad, por un futuro ya soñado por el mismo niño, no se les dio la oportunidad de descubrir lo que todos venimos a buscar a este mundo, la felicidad, misma que se construye con los años, a Galip y Aylan se les cortó esa vida llena de futuro y nosotros en la lejanía impresionados y tristes daremos vuelta a la página, sin darnos cuenta que nos rodean miles de Aylan y Galip en nuestros empobrecidos países de Centroamérica.
En una entrevista realizada por CNN al padre de ambos niños después de la tragedia, expresó sus sentimientos, “no quiero nada más de este mundo, todo lo que había soñado se ha ido. Solo quiero enterrar a mis hijos y sentarme a su lado hasta que me llegue la muerte”.
En esta guerra en Siria donde han muerto más de 300,000 personas, al menos 30,000 han sido niños menores de 10 años y el silencio o la “parálisis internacional” alienta a los asesinos a continuar cometiendo sus abominables crímenes. Esto ha obligado a cientos de miles a buscar refugio en los países de la comunidad europea, quienes se han quedado estáticos ante tanta muerte en el mediterráneo.
Cuando uno ve una imagen tan escalofriante, tan injusta, como esta, recuerda que hay miles de Aylan y Galip en el mundo en estos momentos sufriendo los vejámenes de las guerras, del hambre, del abandono, del maltrato, la esclavitud y del trabajo y prostitución infantil. No podemos olvidar a tantos niños y adolescentes mejicanos y centroamericanos predominantemente de Honduras y El Salvador, algunos en menor porcentaje de Guatemala y Nicaragua, que atraviesan México en una forma inexplicable, las autoridades fronterizas de Estados Unidos mencionan que en el 2014 habían capturado alrededor de 44,000 niños y niñas procedentes de los países antes mencionados, todos ellos en búsqueda de libertad, mejor vida y muchos en búsqueda de sus padres.
Recordemos que maltrato infantil se define por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como los abusos y la desatención de que son objeto los menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder. Y aquí tiene que ver muchos los gobiernos que no brindan todos los medios posibles para asegurar estos derechos.
En medio de la tragedia de esta familia y de cientos de familia más, es importante reflexionar y concienciarse que la migración clandestina es producto de los malos gobiernos, de las encarecidas políticas económicas que empobrecen lo países, de las guerras, de injusticias sociales que nacen de las posiciones de extremos de los países, nos queda nada mas preguntarnos: ¿Qué podemos hacer para aportar un grano de arena y evitar que esto siga sucediendo, donde elevar tu grito de protesta, cómo vas a aportar para detener la muerte injusta de tanto migrante que solo busca realizar sus sueño?
El autor es cirujano Pediatra
@DrAayon
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