“La pierna derecha no me sirve. La rodilla me duele, me está saliendo líquido dicen los médicos. Cuando camino me tiembla, si no me paro bien, me caigo”, cuenta Yelka, sobreviviente de la masacre del 11 de julio en Las Jagüitas.
Ramírez tenía alrededor de ocho meses de embarazo cuando el vehículo en el que viajaba con su familia fue rafagueado por un grupo de agentes de la Policía Nacional.
Murieron dos de sus hijos y su hermana. Su esposo, su hijo mayor y su sobrina de 5 años resultaron heridos. Ella tuvo complicaciones en su embarazo y le practicaron una cesárea.
“La niña se me vino antes, me tuvieron que operar porque se me podía morir”, cuenta Ramírez, quien no se ha terminado de recuperar de secuelas físicas del ataque policial, tampoco del dolor por la pérdida de sus familiares.
“Estamos en una situación complicada, pero tenemos que echar para adelante”, dice Ramírez, quien se dedica al cuido de su bebé recién nacida y al de su hijo de 12 años. “A él su manito no le sirve, la mano le quedó afectada”. También está a cargo de su sobrina de 5 años. La madre de la niña murió en la masacre y ella fue operada de emergencia por los disparos recibidos. Se recupera en casa.
ESPERAN RESPUESTA
Las penas impuestas a los nueve policías implicados oscilan entre 2 y 11 años de prisión por los cargos de lesiones imprudentes y homicidio imprudente. “Los abogados van a estar siguiendo eso, pero yo he preferido apartarme, más bien me hace daño ver tanta injusticia y payasada. Se burlan de nosotros”, se queja Ramírez.
Según Sobeyda Manzanares, una de los abogados de la familia, están a la espera del trámite de la apelación en los Juzgados. “Pedimos aplicar la pena que corresponde a cada quien, nuestro Código Penal indica condenar a las personas por cada delito cometido. Si hay tres homicidios, por cada uno deben aplicar la pena correspondiente, aquí lo que hicieron fue poner como un crimen global”, explica.
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