Cuando sea mayor y las arrugas asomen por su rostro las líneas faciales de Xochilt Yohana Zamora Hernández dirán que fue feliz. Que sonrió cada día y que con ese gesto se enfrentó a cada problema que quiso opacar sus metas. A uno de esos enemigos lo venció hace poco. En marzo pasado terminó su tratamiento con quimioterapia producto de un cáncer óseo que resultó en la amputación de su brazo derecho y que amenazó su vida. La adolescente de 16 años lloró cuando le tocó llorar, pero ahora es tan risueña que su actitud es contagiosa.
“Perder mi brazo derecho no me costó tanto como la pérdida de mi cabello”, bromea la menor.
“Yo era bien vanidosa con mi cabello y lo tenía hasta las caderas. Lo perdí, se me cayeron las cejas, las pestañas, estaba débil, pero siempre encontré fuerzas porque al verme sonreír los otros en el hospital decían: ‘Yo voy a salir bien igual que salió la Xochilt’, entonces yo no podía flaquear porque si no ellos también lo harían”.
Y recuerda aquel día triste cuando le comunicaron que le amputarían el brazo.
“Me lo dijeron sin ningún tacto. Me dijeron que iba para Oncología y yo sabía que si iba ahí era porque tenía cáncer. Yo en ese momento estaba sola porque mi mamá estaba con otro doctor.
Salí a un parque que hay en ‘La Mascota’ y me senté. Me puse a llorar. Pedí primero la quimioterapia, pero decidieron que iban a amputarme de una vez. Dicen otros médicos que tal vez si me hubieran dado la quimio primero me hubieran podido rescatar el miembro… Pero tal vez esos no eran los planes de Dios”.

A los 13 años le diagnosticaron osteosarcoma (cáncer óseo) en el brazo derecho. Le dijeron que el primer paso para tratar la enfermedad era amputar la extremidad y continuar con quimioterapia. Ella se negó a perder el brazo. Cansada por más de un mes de inyecciones diarias, de estar hospitalizada y de la sombra de perder una parte de su cuerpo pronto, la niña pidió un descanso de 15 días. Quería regresar a casa, pero le indicaron que esa opción no era viable. “Nos dijeron que mejor firmáramos el abandono. Mi mamá lo hizo. Fue como una manera de lavarse las manos”. Así comenzó el año sin tratamiento. Que por poco acaba con su vida.
HABLÓ CON DIOS
Personal del Ministerio de la Familia, Adolescencia y Niñez (Mifamilia) llegó a su casa en el barrio Laureles Sur, sobre la pista a Sabana Grande, en Managua, preguntando por su decisión y por la atención psicológica que recibió en el Hospital “La Mascota”. Para Xochilt no hubo tal cosa.
“La licenciada Lucía Paredes, psicóloga del hospital, no me dio ningún apoyo a mí ni cuando llegué por primera vez a Oncología ni cuando quise abandonar. No me ayudó nunca. Los de Mifamilia fueron al hospital y pidieron mi reporte psicológico y no lo tenían. Mi psicóloga siempre he sido yo misma, porque busco en qué entretenerme para no ponerme a pensar, porque si no pienso en tonterías y puedo deprimirme”, dice seria.
Transcurridos más de diez meses sin que Xochilt tuviera atención médica y con el tumor maligno de su brazo creciendo, la niña quiso ir a Matagalpa de vacaciones. Su madre, Yohana Hernández, nunca se opuso a los deseos de su hija.
“No podía obligarla porque ella era una adolescente ya y tenía sus ideas bien claras. Si amputaba antes iba a morir de depresión y no por la enfermedad. Después ella decidió volver al hospital, pero hubo algo sobrenatural allí. El Señor platicó con ella y le indicó cuál era el paso a seguir”, interviene la madre.
En Matagalpa, de donde son originarios, Xochilt pidió bañarse en el río de la Cascada de Santa Emilia, un lugar que le gusta mucho. Para entonces el tamaño de su brazo era muy grande y los dolores ya no se iban simplemente con analgésicos. Ese día la niña recuerda que comió y se acostó en casa. “Y ya no me pude levantar. Eran unos dolores muy intensos. Mis papás decidieron traerme a Managua”.
Para su cumpleaños número 14, el 2 de mayo de 2013, prepararon una vigilia en la iglesia y la llevaron sobre su cama. La niña cantó toda la noche y se colmó de esperanza.
“Cuando estaba en la vigilia el día de mi cumpleaños, a las 3:00 de la mañana yo pedí que me llevaran donde el Santísimo. Me pusieron en el piso y me puse a orar. En esa oración el Señor me dijo que ya era el momento”.
—¿El momento de qué? —le pregunté yo.

—Ya es el momento de que te amputés. Y vas a salir victoriosa de la operación.
DE MILAGRO A EJEMPLO
“Esas son cosas de Dios. Es la única explicación que todos le encontramos. Eso es un milagro porque pasó un año sin tratamiento”, afirma la cirujano pediatra y oncóloga Violeta Alemán, quien formó parte del equipo de médicos a cargo de la operación de Xochilt en “La Mascota”.
Según la doctora Alemán, el brazo de la niña era cuatro veces más grande de lo normal cuando se llevó a cabo la operación, el 16 de mayo de 2013. El procedimiento duró seis horas y fue difícil, agrega, porque hubo mucho sangrado, pero se pudo controlar satisfactoriamente.
A Yohana Hernández se le quiebra un poco la voz cuando recuerda todo lo que pasó su hija.
Dice que antes de la operación Xochilt la miró triste y le dijo: “No temás nada de lo que vayan a decir los médicos. Dice el Señor que todo está bajo control”.
“El 13 de mayo, en el hospital, una doctora me dijo que en una placa que le hicieron ella tenía metástasis pulmonar (tumores cancerosos que comienzan en alguna parte del cuerpo y se diseminan a los pulmones). Qué raro que tenga eso, le digo yo, porque el día de la vigilia cantó toda la noche y ni un vaso de agua me pidió. Resultó que fue una mala lectura”, recuerda Hernández.
Siguió la quimioterapia. Según los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos, este es un tratamiento con fármacos que puede destruir las células cancerígenas o detener su multiplicación, pero que también puede dañar células sanas y producir efectos secundarios.
Como consecuencia de estos efectos, Xochilt perdió su cabello y su organismo se debilitó mucho. Entró en depresión y asegura que logró superar los dos años de quimio gracias a sus padres y a sus amigas.
“Yo era derecha y tuve que aprender a ser zurda. También reaprendí a caminar. Ya terminé la quimioterapia en marzo de este año. Los médicos estaban súper contentos porque cuando llegué estaba en estado paliativo (cuidados para el final de la vida, curando síntomas sin curar la enfermedad únicamente para mejorar la calidad de vida del paciente), ellos creían que yo me iba a morir. Después hasta me hicieron un video”.
Xochilt se ha convertido en un símbolo para el Hospital “La Mascota”. La doctora Alemán explica que muchos niños llegan con osteosarcoma y deben ser amputados y que para motivarlos se hizo un video con Xochilt y otros menores que usan prótesis y llevan una vida normal.
La adolescente, quien se apura alrededor de las 4:00 de la tarde para ir al gimnasio, dice con una sonrisa que ya ha motivado a tres niños a amputarse. Platica con ellos y les explica que ese es el primer paso para tener una vida larga y saludable. Como la que piensa tener ella.
UNA BENDICIÓN

Poco después de perder su brazo Xochilt no salía de su casa. Tenía miedo de que los vecinos y amigos hablaran mal de ella y la discriminaran, pero un día se llenó de valor y decidió que no volvería a esconderse. Hoy no tiene pena. Ni tiempo libre en su agenda. Cursa tercer año de secundaria de lunes a viernes en el Instituto Isaías Fillippi durante el día, va al gimnasio por la tarde cinco veces a la semana, acude a misa jueves y domingo, lleva un curso técnico para aprender repostería los sábados en el Centro Juvenil Don Bosco, los domingos le enseñan a ser auxiliar de farmacia en el Instituto María Auxiliadora y canta en el coro de su iglesia cada 15 días.
En sus escasos ratos libres le gusta jugar futbol, aunque ya no de portero, y también le gusta mirar la telenovela La Reina del Sur.
“Puedo meter bandejas al horno, sacarlas, lavo trastos, lampaceo, lavo el lampazo, mezclo en batidora, la lavo, hago queques, decoro… Muchas de esas cosas no las sabía hacer con dos manos y ahora las hago con una”, dice sonriente.
—¿Te sentís diferente de los demás?
—No. Yo me siento igual que todos. Capaz de hacer todo lo que yo me propongo.
—¿Cuál es la diferencia más grande entre la Xochilt de antes y la de ahora?
—Siento que todos los problemas me han hecho más fuerte. Más decidida y enérgica. Yo me pongo metas y las cumplo. Soy capaz de hacer todo lo que yo quiera. Nunca he tomado la amputación de mi brazo como una desgracia. Ha sido una bendición. Antes era vanidosa, me creía más que los demás. Siento que la vanidad y la soberbia se fueron. Me siento mejor persona que antes.
En dos años Xochilt terminará la secundaria y ya tiene decidido lo que estudiará en la universidad. Sabe que estudiará Medicina desde los 8 años, cuando sacó un curso de primeros auxilios que le encantó, pero ahora también conoce las especialidades que más la motivan. “Voy a especializarme en Pediatría y después en Oncología”, dice segura de sí misma.
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