Hubo un presagio que terminó en realidad. Ricardo Mayorga contra Shane Mosley fue lo que realmente es, y ha dicho que se retira del boxeo, aunque antes le gustaría hacer una pelea de despedida en Nicaragua. Ahora sí es el final de todo porque de seguir boxeando sería hasta el final de su vida. Él cometió el peor de los pecados, volver a pecar con su boca, con sus acciones en su regreso con un boxeo de hipocresías, vacío, sin fondo ni forma.
El Matador fue el símbolo de una evocación popular reflejando el nivel educativo de una parte del país. El boxeador que vivió su carrera boxística como pudo, como lo dejaron, como se lo permitieron. Haga un esfuerzo y comprenda, él no es un ejemplo pero tampoco pretendió serlo jamás. ¿Quién esperaba una recuperación milagrosa ante Mosley cuando su rutina era el cigarrillo y caminar sobre los suburbios de las cosas tóxicas?
Una pelea en Nicaragua como espera Mayorga será la exaltación del hombre agobiado por su presente, sus cadenas llamadas tiempo le hacen ver en retroceso y siente una frustración, que su sinfonía de golpes ha desaparecido, que su capacidad de asimilación está extinta y sobre todo, que El Matador ha llegado por decisión propia al matadero.
Actualmente Mayorga se dará cuenta de los pocos que realmente lo amaban y los muchos que lo usaban, en la dejadez empezará desde cero, buscará fortuna como dijo en la entrevista después del combate en dirigir un gimnasio. Me retiro, ya es suficiente, traté de dar lo mejor de mí, le puse la cara porque era parte del espectáculo que los hombres le dan a las personas, también me gustaría hacer una pelea más en mi país como homenaje al retiro, indicó Mayorga a distintos periodista nicaragüenses en Los Ángeles.
Cuando se enfrentó por primera vez ante Mosley hace ocho años, todavía Mayorga tenía oportunidad de victoria, en ese entonces ganó los primeros cuatro asaltos y su poder aún resonaba en el rostro del estadounidenses. El sábado parecía un coreógrafo más que un boxeador. La alegría del pasado no pudo hacer nada con la angustia del presente, en el ring no existe la compensación del recuerdo ni la satisfacción por lo ya alcanzado, ahí vale el hombre en su actualidad, lleno de luces y sombras, y mostró ser solamente tinieblas.
Si el hubiera existiera, Mayorga estaría sentado en un trono imperial sin necesidades, degustaría caviar y comería en restaurantes lujosos, pero así como quedó con el cuerpo molido a golpes, es un sinónimo de su bolsillo, transitando un mundo sin obligaciones, había encontrado el camino pero su mente siguió en el barrio.
Mayorga luego de salir del Forum de Inglewood había perdido el brillo de sus ojos, sentía el nerviosismo en sus ademanes con su cara abollada y la sonoridad de sus carcajadas estaba fuera de tono. El fiero matador perdió las uñas y los colmillos, pero confirmó que los ojos de Nicaragua se mantuvieron sobre él. Ganó 200,000 dólares que su cuenta necesitaba, sin embargo ahora tiene que aprender a hacer una vida de exdeportista.
SU GRANDEZA
Después de Alexis Argüello, Ricardo Mayorga es el único boxeador que ha tenido a todo el país a la expectativa de sus combates.
Mayorga fue campeón de las 147 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), al noquear en el 2002 a Andrew Lewis en el quinto asalto.
Más tarde, noqueó al mejor libra por libra como era Vernon Forrest y se consagró. Luego se coronó como campeón de las 154 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) contra Michel Piccirillo.
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