Magdalena de Rodríguez

Rubén Darío y la revolución mexicana

Refiere Alfonso Reyes que cuando él formaba parte de una generación de muchachos intelectuales en 1910, soñaba con traer a Darío a México. Uno de ellos —de la generación de intelectuales— decía: “No, nunca vendrá a México Rubén Darío; no tiene tan mala suerte”. “Pero Rubén Darío fue a México para su mala suerte”, agrega textualmente Reyes.

El 15 de julio de 1910 don Crisanto Medina, ministro de Nicaragua en Francia, visita al poeta para proponerle la idea de ir a México como enviado extraordinario para representar al país en las fiestas conmemorativas del Centenario de la proclamación de la Independencia. Darío se pone a las órdenes de su Gobierno. Nombrado por el presidente de Nicaragua, doctor José Madriz, embarcó en Saint Nazaire el 21 de agosto a bordo de La Champagne. En el barco conoció a varios mexicanos ilustres que regresaban de Europa a su país y también a otros diplomáticos que iban en misión a México.

El barco hizo escala en Santander el 22 de agosto y en la Coruña el 23. Por un diario local Darío se entera del derrocamiento del presidente Madriz por un movimiento revolucionario apoyado por el gobierno norteamericano y que la Presidencia de Nicaragua ha sido asumida por el general Juan J. Estrada. Ante tales acontecimientos políticos en Nicaragua, Darío no debió continuar el viaje. Sin embargo lo hizo. Llegado a la Habana es objeto de grandes homenajes por parte de la intelectualidad cubana.

También le aconsejan los amigos no ir a México. Darío porfía continuarlo. Al llegar a Veracruz (el 5 de septiembre), un tren expreso recoge a los dignatarios para ser llevados a la capital, no así a Darío que es invitado a permanecer en el Hotel Diligencias.

La muchedumbre de Veracruz rodea y aplaude a Darío, rechazado como diplomático por el poder, pero proclamado por el pueblo que reconoce el poder de la poesía. Un hermano de Amado Nervo —el íntimo amigo de Darío— Rodolfo Nervo, es enviado a Veracruz por el subsecretario de Relaciones Exteriores para explicar a Darío que caído el gobierno del doctor Madriz, el del general Porfirio Díaz no podía recibirlo como representante de Nicaragua, pero lo declaraba “Huésped de honor de la nación”.

Serias tribulaciones sufren dos próceres mexicanos, funcionarios de Gobierno, don Justo Sierra, ministro de Educación y don Federico Gamboa, subsecretario de Relaciones Exteriores, ambos estiman y admiran a Darío.

Los sucesos provocados por la no aceptación del poeta como representante diplomático en las festividades del Centenario sirven de pretexto para que el descontento sordo por la presidencia perpetua del general Porfirio Díaz estalle en manifestaciones estudiantiles en la capital y por primera vez apedrean la mansión de don Porfirio.

Escritores y estudiantes atribuyen la actitud del Gobierno a docilidad ante la Embajada norteamericana por el “A Roosevelt” de Darío que Washington, dicen, no perdona. Se organizan desfiles populares que aclaman a Darío como defensor del honor latinoamericano contra la intervención yanqui en Nicaragua y México y los festejos del Centenario pierden esplendor.

Algunos historiadores han llegado a considerar la desairada presencia de Darío en México en 1910, como el inicio de la Revolución Mexicana.
Entretanto Darío acepta una velada lírica-política que da en su honor Veracruz. Diódoro Batalla lee un encendido discurso: “No somos encargados de visar vuestras cartas credenciales. Vuestras cartas patentes, para nosotros han sido firmadas sobre la cumbre del Monte Olimpo y traen el sello y signo de las nueve hijas de Apolo”. (Rubén Darío-Abismo y cima-Jaime Torres Bodet).

nvitado a Jalapa, Darío acepta y parte en compañía del pintor Alfredo Ramos Martínez y otros amigos. El gobernador lo acoge con deferencia y los maestros y alumnos de la Escuela Normal le rinden homenaje. El pueblo lo vitorea. Invitado por los estudiantes de la capital “para ser objeto de homenajes singularísimos”, Darío responde: “Si no hubiera sido ya grandísimo mi deseo de ir a México, la vibrante misión que la joven intelectualidad mexicana confió a ustedes me hubiera infundido el más ardiente empeño por encontrarme en la capital de este noble y hospitalario país.

La juventud es vida, entusiasmo y esperanza. Yo saludo a esa juventud que ama el ideal desde la belleza hasta el heroísmo. Díganlo, si no, los “aiglons” del águila mexicana que se llevó la muerte a la inmortalidad, desde el nido de piedra de Chapultepec. Las cariñosas instancias de los amigos de México, me empeñan en poner toda mi voluntad en complacerles.

Pero, a pesar de mis deseos, las circunstancias me obligan a tener una actitud que no puedo alterar en nada. Este momento, sin embargo, pasará. Y yo, quizá en breve podré tener el gran placer y el altísimo orgullo de saludar, con el afecto que por ella siento, a la noble, a la entusiasta, a la gentil juventud mexicana”. Darío, por fin, se da cuenta de la situación en que se ha colocado y decide salir de México. Considera infortunado su viaje, que en realidad ha sido triunfal. El 12 de septiembre embarca en La Champagne en Veracruz hacia La Habana donde permanece dos meses entre homenajes y bohemia. Luego regresa a Europa donde lo esperan su fiel Francisca Sánchez y su hijo “Guicho”.
Darío hombre pacífico y poeta de paz, que pudo abandonar a su familia en 1915 para emprender la aventura de ir por el mundo predicándola, ante la Primera Guerra Mundial, ¿fue quien inició con su presencia la guerra en México? ¿Fue la candidez divina del hombre-poeta o la soberbia del poeta-hombre que se reconoció dios olímpico a causa de su desafío de permanecer en México no obstante ser declarado “non grato” por el Gobierno? Secretos que solo la eternidad conoce.
La autora es maestra

COMENTARIOS

  1. Eduardo Pérez-Valle hijo
    Hace 11 años

    El poeta mismo en su «Diario» (Obras Completas Afrodisio Aguado S.A., cubre del 15 de julio al 11 de septiembre las vicisitudes de su estancamiento en Veracruz, y lugares vecinos, los titubeos y azoramientos de funcionarios del gobierno azteca, el vivo entusiasmo que su presencia en suelo mexicano despertó entre intelectuales y estudiantes, y, en fin, su no-pasada a Ciudad de México, donde era esperado con manifestaciones populares, discursos y estandartes. El desaire provino del Porfiriato.

  2. Eduardo Pérez-Valle hijo
    Hace 11 años

    Interesante recordatorio. La Profesora Úbeda contribuye a no dejarlos en el olvido. Los hechos fueron narrados por intelectuales contemporáneos de Darío; y el último artículo periodístico que recuerdo, donde está bien sustanciada la misma historia, lo escribió el recordado intelectual Adolfo Calero-Orozco en respuesta pública al poeta Ildo-Sol Solórzano casado con una nieta de Rubén. Fue publicado en LA PRENSA, en Abril de 1958, bajo el título: LA VERDAD SOBRE UN DESAIRE AL POETA.

  3. Hace 11 años

    Edte articulo de Dariome da Zzzzzzzzzzzzzzz

  4. alumno
    Hace 11 años

    Maestras y poetas,veneraciones de un ayer.

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