En una industria donde sobresale a nivel mundial la excelente calidad del tabaco nicaragüense, la delicadeza de las manos de miles de mujeres segovianas es el ingrediente que no debe de faltar desde la germinación de la planta hasta el puro que fabrican empresas instaladas en Estelí para la exportación.
María del Socorro Martínez Zavala es el testimonio vivo de tal afirmación. ¿Quién diría que cuarenta años de los 47 que tiene de vida, los ha dedicado a trabajar en la producción, cosecha y preindustria del tabaco? Apenas cuando era una niña de 7 años, sus padres la incorporaron al trabajo de campo en el cultivo de ese rubro que en la finca
La Mía, en Jalapa, unos cubanos norteamericanos cultivaban en grandes extensiones.
Su infancia y su juventud la dejó en el campo, por la mañana trabajaba y por la tarde iba a clases. Pasó diez años cortando tabaco, aprovechando su infancia pues así las hojas no se maltratan y no pierden calidad, justifican los dueños de semejantes extensiones de este rubro que se ha ubicado entre los mejores a nivel mundial.
Sus últimos treinta años ha dado su empeño en la preindustria: despalilla, realiza resago de bandas, fue responsable de 150 mujeres en la empresa AGANORSA (preindustria propiedad de Eduardo Hernández). “He pasado por todo el proceso, desde que germina la semilla hasta que envían el tabaco a la industria”, dijo al pie de un estante mientras despalillaba una tarea a la par de su hijo menor.
Tiene tres hijos: una maestra (30 años), un mecánico (27) y el último de 23 años, es el único que continúa sus pasos. “Con esto hemos criado a nuestros hijos, es empleo para muchas madres solteras que están obligadas a trabajar en algo para sobrevivir y aporta más que cualquier otro cultivo, a la economía del municipio”, reflexionó la mujer, que confiesa que los años vividos son experiencia, pero reducen la productividad en el tabaco.
Confesó que cuando empezó a despalillar (sacarle las venas a las hojas) hacía dos normas y media (tareas) pero con el tiempo fue mermando a norma y media de diez, 12, 14 o 16 libras de hojas diario. La vista se deteriora, las articulaciones se inflaman, los huesos duelen por la posición que permanecen durante todo el día.
MUJERES EXPERTAS
Ocho empresas dedicadas a la preindustria del tabaco están instaladas en Jalapa con el setenta por ciento de mano de obra femenina. Desde las seis de la mañana desfilan miles de trabajadoras hacia sus puestos devengando un salario promedio de 158 córdobas diarios y con sus prestaciones sociales.
En empresas como La Cofradía, de Horacio Orozco, los trabajadores —permanentes más de doscientos los 12 meses del año en la preindustria y otra cantidad similar en campo— tienen asignado un médico, asumen el cincuenta por ciento del costo del medicamento, un comisariato y garantizan el transporte en un bus que hace recorridos diario por las comunidades Puntalito, San José, La Mía, Tastaslí y Jalapa.
Otra sucursal de la misma empresa localizada en Tauquil, al noreste de Jalapa, genera empleos para mujeres (mayoritariamente) de las comunidades de Champining, Las Palmeras, Pasmata, El Corozo y Teotecacinte.
CON MÁS EMPEÑO EN EL TRABAJO
Para Carlos Jirón, administrador de la Finca La Cofradía, las mujeres ponen más empeño, más atención en lo que hacen, en el corte, en la limpieza, en el despalillo ellas son más delicadas y conservan la calidad de la hoja.
“Es un trabajo digno y con él hemos podido sacar adelante a nuestros hijos, que si no existiera en Jalapa, miles estuviéramos en el desempleo y en la calle”, recalcó María del Socorro Martínez, cuya historia se repite —desde hace más de cincuenta años— en tantas ‘mujeres del tabaco’”.
“Aquí siempre tenemos empleos permanente, nunca paran las labores porque las cosechas vienen detrás de otra y si no es en el tabaco es en las labores de campo del arroz y el maíz”, recalcó Carlos Jirón, administrador de la finca La Cofradía en Jalapa, municipio que aporta aproximadamente el cincuenta por ciento del tabaco que ingresa a la industria en Estelí.
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