Con armarios, electrodomésticos e incluso animales de granja a cuestas, centenares de colombianos han iniciado un éxodo voluntario desde Venezuela ante el temor de que sus casas sean destruidas con todos los enseres que han acumulado en décadas de residencia.
La odisea para ellos se inició hace cuatro días, cuando el presidente venezolano Nicolás Maduro decretó un estado de excepción en la fronteriza región de Táchira, lo que puso a los colombianos en el ojo del huracán.
El éxodo, sumado a las deportaciones que han realizado las autoridades venezolanas de 1,118 colombianos indocumentados, podría agravar la compleja situación que enfrenta la ciudad fronteriza de Cúcuta, limítrofe con Venezuela, que tiene más de medio millón de habitantes y donde se declaró el estado de calamidad ante la llegada de cientos de personas, en su mayoría pobres.
Los ciudadanos colombianos han salido de Venezuela atravesando a pie el río fronterizo de Táchira mientras cargaban sobre sus hombros algunos muebles, materiales de construcción, colchones, pequeños enseres, bolsas de ropa y hasta neveras.
“Hoy empezamos a sacar las cositas…. la gente se está llevando todo aquí por una trocha. Se llevan los muebles, escaparates, peinadoras, todo lo que puede”, relató con la voz entrecortada Virgélida Serrano, una humilde costurera de 60 años.
CASAS MARCADAS
Desde que Maduro decretó el estado de excepción, las casas de los colombianos son marcadas con una “D” o una “R”, “como en el holocausto nazi”, según se repite como un mantra en Cúcuta.
Hasta esa localidad han llegado miles de ellos deportados, repatriados y ahora por los senderos de forma clandestina ante la consabida sentencia que esas dos letras implican “derribo”.
“Dentro de las casas que ya requisaban están marcando la D y la R y Maduro dijo que todo eso va para el suelo”, explicó a Efe Tania Paola Pérez Carrillo, una de las colombianas que han tenido que abandonar sus hogares.
RUTA DE CONTRABANDISTAS
El río Táchira, una ruta habitualmente utilizada por contrabandistas, se ha convertido en un mar de gente que carga lo que puede entre sollozos por la vida que dejan atrás.
Niños, ancianos y mujeres embarazadas o con bebés en brazos atraviesan el río bajo la aparentemente descuidada mirada de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de Venezuela que parece haber abierto la mano ante este drama humanitario.
Según pudo comprobar Efe, el cruce permanece hoy alejado de la mirada de esos agentes que miran hacia otro lado ante la presencia de centenares de colombianos que sacan sus pertenencias.
REFUGIOS
En dos instalaciones deportivas y cuatro centros comunitarios y de ancianos de Cúcuta y de la pequeña población de la Villa del Rosario se levantaron improvisados refugios donde las autoridades colombianas están alojando a los deportados, algunos de los que solo tienen lo que llevan puesto.
El jefe de la Unidad Nacional de Desastres de Colombia, Carlos Iván Márquez, dijo a la AP que en los refugios están alojadas 608 personas a las que les están dando alimentos, frazadas, colchonetas y enseres de aseo.
Un total de 1,535 colombianos “han decidido retornar voluntariamente al vecino país”, indicó la gobernación de Táchira al presentar un balance de las acciones que han ejecutado las autoridades venezolanas luego de cumplirse cinco días del cierre de los pasos fronterizos de las localidades de San Antonio y Ureña.
AMPLIAR EXCEPCIÓN
El presidente del parlamento venezolano, el oficialista Diosdado Cabello, informó de que los legisladores chavistas propusieron “formalmente” que se sumen otros territorios al cierre de la frontera con Colombia y al estado de excepción, declarado tras el ataque que sufrieron tres militares y un civil cuando realizaban actividades de combate al contrabando.
“Si es necesario declarar estados de excepción en toda la frontera, los diputados revolucionarios levantaremos las dos manos”, agregó el parlamentario.
Venezuela y Colombia comparten una frontera de 2,200 kilómetros donde operan delincuentes comunes, contrabandistas y grupos irregulares. Por el momento permanece cerrado un tramo de unos cien kilómetros.
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