En El Yaraje, una comunidad del municipio de Mozonte, doña María Nicolasa Mejía Pastrana está obligada a cuidar de sus nietos, pues su hija ha tenido que salir al pueblo en busca de trabajo para no morirse de hambre.
En su humilde casa de adobe y piso de tierra se le mira en harapos y descalza, con un niño en brazos y otros más grandes a su alrededor.
Esta familia no tiene nada en su cocina para comer; no hay desayuno ni almuerzos ni cenas. La tortilla con sal no es de maíz porque ya no tienen. Sembraron lo que tenían y lo perdieron todo.
El sorgo o el maicillo para las tortillas lo acompañan con un pedazo de queso o pollo cuando la muchacha que se fue al pueblo a trabajar de doméstica regresa con su pago, que apenas supera los mil córdobas al mes.
No solo es el caso de doña María Nicolasa. El Yaraje tiene 445 habitantes, de los cuales 60 son hombres que tradicionalmente se han dedicado a la agricultura. Hoy se encuentran de brazos cruzados buscando unas rajitas de leña para ir a venderlas al pueblo —Ocotal— y comprar la libra de maíz y frijol. El corte de café en las fincas cercanas es lo más próximo para conseguir empleo.
La cosecha de primera de maíz y frijoles, ciclo 2015, la perdieron toda, a diferencia del año pasado que a pesar de la sequía, con unas cuantas lluvias, lograron sacar maíz apenas para comer de los alrededores de las quebradas. La ayuda del Gobierno —que el año 2014 fue de seis meses con productos básicos— este año aún no aparece.
“Este año nos fue peor, hasta los ayotes y los pipianes que sembramos solo nacieron y se achicharraron; en esta situación que estamos es terrible, no hay trabajo para los varones (…), con costo consiguen una carguita de leña que van a vender al pueblo para comprar la librita de maicillo”, expresó María Nicolasa.

LA PRENSA/M. VALENZUELA
ESTÁN EMIGRANDO
En El Quebracho, comunidad vecina a El Yaraje, don Prudencio Ruiz Inestroza y doña Demetria Ruiz Florián, una pareja de ancianos, solos en una casita, apenas intentaban encender el fuego para palmear una libra de sorgo y comer tortillas con sal. No había nada más en esa cocina.
Él echó un vistazo a su milpa, que creció entre 50 y 100 centímetros, “pero por falta de agua no tienen fuerza para dar fruto”.
Desde julio que cayeron las primeras lluvias de la temporada, no ha vuelto a llover en el llamado Corredor Seco del departamento de Nueva Segovia. Unas brisas no son lo suficiente para que el maíz produzca. Y los frijoles, peor.
Los productores preparan tierras para la postrera, pero el futuro es incierto porque depende del comportamiento del invierno. Algunos campesinos guardan semillas, pero otros —la gran mayoría—, tenían sus esperanzas en la producción de primera, recalcó Pedro Pastor Sánchez, líder de la comunidad de El Yaraje.
No menos desolador es el panorama en las comunidades de Los Arrayanes, Amatillo y Guasure, en el municipio de Macuelizo, donde los hombres y mujeres jóvenes han decidido emigrar hacia otros departamentos del país o hacia el exterior.
URGE COMIDA
La cosecha de mango y nancite ya está pasando. Las familias ya no tendrán cómo acompañar la tortilla con sal con el sorgo o maíz que compran con la venta de leña o nancite de fresco en el pueblo, pero “ya la gente ni quiere comprarlo, ya se empachó”, dijo Carlota Herrera, madre de cuatro menores.
“Nunca habíamos pasado por una catástrofe así, perdimos todo lo que sembramos en maíz y en frijoles, lo peor es cuando los chiquitos piden comida y no hay… no sabemos qué hacer, con el manguito se entretienen, pero ya la cosecha se termina. Lo único que nos queda es que el Gobierno voltee la mirada hacia acá, no tenemos otra alternativa”, exclamó don Brígido Izaguirre Guzmán, uno de los más longevos de la comunidad.
Merienda les ayuda
Los niños en edad escolar solventan sus necesidades alimenticias en la escuela con la merienda escolar, pero los demás en los últimos dos meses apenas sobreviven con la tortilla con sal y los mangos que sean posibles. Alrededor de 46 campesinos de Los Arrayanes perdieron todo y la postrera “no trae buena cara”.
Catalina Zelaya, una mujer de contextura muy delgada casi en harapos y con hijos muy pequeños, sin ninguna vergüenza mostró su cocina: un fogón sin encender y cacerolas completamente vacías casi al mediodía. Aduce el sufrimiento y mal nutrición al mal invierno, pero pidió encarecidamente al Gobierno ayuda urgente.