A junio de 2015 el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) mostraba un déficit global acumulado de 53 millones de córdobas. Pero lo ocurrido hasta junio no constituye el mejor predictor de lo que sucederá a fin de año. En noviembre-diciembre, el pago del doble aguinaldo a los trabajadores del INSS, y del decimotercer mes a los pensionados, va a agregar un monto negativo de unos 1,000 millones de córdobas al balance global acumulado del INSS.
Esta situación se produce pese a que la tasa de cotización patronal se ha incrementado en dos puntos porcentuales desde el año pasado, a pesar del cambio en el método de indexación de las pensiones mínimas, a pesar de los cambios en la fórmula de cálculo de las nuevas pensiones, y a pesar de las demás “reformas paramétricas” efectuadas en diciembre de 2013.
Esta situación se está produciendo a pesar también de que los ingresos están creciendo con fuerza, los gastos operativos se han desacelerado y la inversión en activos no financieros se ha contraído en un 33 por ciento.
Las reformas de diciembre de 2013 estaban supuestas a extender la solvencia del INSS hasta el año 2036. Se suponía que las mismas permitirían generar importantes superávit anuales desde 2014 hasta 2031, los que se acumularían en su fondo de reserva, el cual le permitiría sobrevivir hasta 2036.
Pero no se están generando los grandes superávit esperados. En 2014 en lugar de superávit se experimentó un gran déficit y a junio 2015 las cifras indican que el INSS se encaminan hacia otro déficit anual. Las finanzas del INSS siguen mostrando una elevada sensibilidad frente a la mínima desaceleración en los ingresos o aceleración moderada de los Egresos, lo cual rápidamente genera déficit.
El INSS sigue asumiendo además responsabilidades que son de la competencia de la Política de Protección Social del Estado, cuyo financiamiento corresponde al Presupuesto.
Si a ello se agrega que la relación pensionados/cotizantes empeorará con alguna rapidez en las próximas décadas, al acelerarse el proceso de envejecimiento de la población nicaragüense, parece incierto que la solvencia del INSS pueda extenderse tanto.
El panorama se agrava si se tiene en cuenta que los cotizantes en una mayoría perciben salarios muy bajos y la continuidad en las cotizaciones de buena parte de ellos (densidad de cotización) es bastante irregular.
Si asumimos que la evolución de los salarios reales de los trabajadores está asociada a medio y largo plazo con los incrementos en la productividad del trabajo, esto significa que el sistema de pensiones, si aumenta su cobertura a lo largo del tiempo hacia trabajadores ocupados en actividades de creciente productividad, cuyos salarios reales también están al alza, estarán en mejores condiciones de afrontar el deterioro de la relación cotizantes/pensionados.
En otros términos, las presiones sobre el sistema de pensiones —y sobre el Fisco— serán mucho más manejables si la disminución del número de trabajadores aportantes o contribuyentes en relación al número de receptores de pensiones o transferencias, es más que contrarrestado por un incremento del ingreso real de los primeros, lo que solo sería posible si los empleos de estos son de cada vez mayor productividad.
Mientras tanto, es preciso adoptar medidas que no pueden esperar. En primer lugar se requiere revisar la racionalidad de los gastos operativos, así como la calidad y rentabilidad de las inversiones que se efectúan, y descargar al INSS del financiamiento de responsabilidades que corresponden al Presupuesto de la nación, que están contribuyendo a agravar de un modo extremo los efectos de los problemas estructurales.
Los márgenes de acción que restan no son muy grandes. Llegó el momento de discutir en serio las perspectivas del INSS.
*Economista
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