Según la versión del Banco Central de Nicaragua, lo único que está haciendo es llevar a cabo una “actualización” de las Cuentas Nacionales en lo que respecta a la contabilidad de la maquila, “de acuerdo con las normas internacionales y con el apoyo del FMI (Fondo Monetario Internacional)”.
Pero como institución pública, el BCN debería ser absolutamente transparente. Realmente, el cambio en la metodología de medición de la maquila fue una de las novedades más relevantes de los nuevos estándares estadísticos internacionales, el SCN2008 de Naciones Unidas y el BMP6 del FMI, y de hecho sobre la adecuación de la medición de la maquila conforme a estos estándares hace mucho énfasis la Metodología del actual Sistema de Cuentas Nacionales del BCN, que entró en vigencia en 2012.
No se entiende entonces por qué el BCN estaría “actualizando” de nuevo la medición de las maquilas conforme a los estándares internacionales, con la asistencia del FMI, si durante el propio proceso de construcción del Sistema, dicha “actualización” ya había sido llevada a cabo.
A menos que, de por medio, se encuentre el hecho de que, durante el proceso de construcción del Sistema, se cometió un grave error, que podría tener consecuencias potencialmente serias para Nicaragua.
Más aún, el BCN solo ha reconocido que ha llevado a cabo una “mejora” en la medición de la maquila. Pero no solamente no ha proporcionado una explicación que se aproxime a algo mínimamente serio para los demás cambios que han alterado la estructura total de la economía, sino que los declara insignificantes o inexistentes.
En efecto, ha cambiado el peso relativo de la industria manufacturera, de las distintas ramas dentro de esta —incluida la rama azucarera—, de la agricultura y del comercio, no solo debido a la caída del valor agregado de la maquila, sino a cambios en el propio valor absoluto de estas otras variables. Por el lado de la demanda ocurre lo mismo con el peso relativo y el valor absoluto del consumo privado y sobre todo de la inversión privada.
Cambios de esta envergadura solo se justificarían si se hubiesen hecho revisiones a fondo, extremadamente rigurosas, de cada una de estas variables —lo cual no se puede hacer a la carrera, en unos cuantos meses— y poniendo toda la metodología sobre la mesa y explicando si acaso se revisó también la matriz insumo-producto.
En todo caso, cada vez resulta más obvio que el error cometido y los ajustes apresurados posteriores, han provocado un desajuste tal en el sistema de estadísticas, que el BCN se ha visto obligado a meterse de lleno en una revisión frenética, buscando cómo arreglar, a marchas forzadas, algo que requeriría una reconstrucción rigurosa, meticulosa y sumamente cauta de todo el sistema.
Preocupa lo siguiente: si en los cuatro años que tardó en estructurarse el actual Sistema, con casi cuarenta misiones de asistencia técnica del FMI, se pudo incubar un error que terminó por hacerlo colapsar, cabe preguntarse cuántos errores se podrán incubar en una revisión apresurada.
Si se descubrió que existían graves errores que justifican una revisión a fondo y más todavía, una total reconstrucción, debe reconocerse con entereza y explicar la necesidad de reconstruirlo. Las personas comprenden cuando se es honesto y franco.
En todo caso, para recuperar confianza, el BCN debe publicar para el conocimiento de la ciudadanía, el plan de trabajo completo que se ha trazado para revisar el Sistema de Cuentas Nacionales y sus distintas etapas, y publicar periódicamente informes del avance del mismo, con plena transparencia.
Las personas confían cuando no se les oculta nada, se les dice toda la verdad y se es capaz de reconocer errores. Un sano consejo: basta ya de opacidad.
(*)Economista
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C