Pedro Joaquín Bendaña José

El cuidado de la casa común

Hace un par de meses, Franciscus dio a conocer urbi et orbi su encíclica Laudato si , evocando el cántico de San Francisco de Asís; modelo que puede motivarnos por el ejemplo del cuidado de lo débil y de una ecología integral. Su lectura es amena, puntual, trae a colación una temática actual e invita principalmente a una discusión urgente sobre el presente y el futuro de nuestra casa común. Su llamado incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, cree que la humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común; invitando a un diálogo urgente sobre el modo en que estamos construyendo el futuro del planeta: “Necesitamos una conversación que nos una a todos —Iglesia católica, otras iglesias y comunidades cristianas, como también otras religiones— para buscar caminos de liberación y obtener una valiosa reflexión sobre estos temas, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos.

Concretamente patentiza los desafíos que afronta la hora presente (contaminación, basura, cultura del descarte, pérdida de biodiversidad, deterioro de la calidad de vida humana, degradación social e iniquidad planetaria) y los analiza desde una perspectiva tripartita: primera, hace un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica, con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible; segunda, intenta llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos solo los síntomas sino también las causas más profundas; tercera, convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propone algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana. “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo porque afrontamos un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”.

Ingeniosamente el obispo de Roma armoniza variadas reflexiones (política, religión, filosofía, economía, tecnocracia, finanzas, cultura actual, mercado, responsabilidad social y ambiental de las empresas); la razón está en que todo forma parte de una indisoluble realidad, debiendo conjugarse para obtener una equilibrada solución que aporte acertadas soluciones a este caos inminente. Pero debemos actuar, muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de las antedichas realidades; viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. El problema es que muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustradas no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás.

Debemos convencernos de que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede dar lugar a otro modo de progreso y desarrollo. La Iglesia católica es consciente que no tiene por qué proponer una palabra definitiva y entiende que debe escuchar y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones. Basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un enorme deterioro de nuestra casa común. La esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas.

EL AUTOR ES ABOGADO Y NOTARIO

COMENTARIOS

  1. Nica por gracia de Dios
    Hace 11 años

    Muchas gracias por haber leido la Enciclica y dar una opinion honesta.

  2. Frutos R. Vega McRea
    Hace 11 años

    quiero felicitar al Abogado Pedro Joaquín Bendaña José por su acertado comentario no quisiera decir esto para no molestar a nadie, pero hacia falta que alguien le contestara al Sr. de nombre NO Nicaraguense. Eso es precisamente donde esta la falta de compromiso, pues no queremos renunciar al ESTILO DE VIDA que tenemos.

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