El actual Sistema de Cuentas Nacionales se preparó durante un período de cuatro años, entre 2008 y 2012, con la asistencia financiera del BID y el respaldo de numerosas misiones del Centro Regional de Asistencia Técnica del FMI. En estos casos, una de las cosas que se diseña y prepara con más meticulosidad es el sistema de información que alimentará el Sistema.
El nuevo Sistema, con base en el año 2006, entró en vigencia en 2012 y ya en 2014 estaba cumpliendo dos años de arrojar resultados, que se extendían hasta el año base. Sin embargo en 2014 se puso de relieve una severa discrepancia entre las cifras de la Balanza de Pagos y las de las Cuentas Nacionales, referidas a las transacciones de las empresas maquiladoras con el exterior. La diferencia era grande: superaba el diez por ciento del PIB.
En Diciembre 2014 arribó al país una misión especial del Centro Regional de Asistencia Técnica del FMI con el propósito específico de abordar esta discrepancia. Faltaban solo pocos meses para la publicación del Informe Anual.
Esto reveló un error bastante serio en la incepción misma del sistema: desde su origen, el sistema incorporaba un error en el registro de las transacciones de las maquiladoras con el exterior: simplificando bastante, mientras se registraban en lo fundamental las exportaciones por su valor bruto, no se habían registrado del todo las importaciones de las maquilas.
La implicación de esto es que el PIB estaba sobrevalorado en un monto equivalente.
Dado que las Importaciones restan del PIB (PIB = consumo + inversión + exportaciones- importaciones) incorporar las importaciones de la maquila, sin más cambios, hubiese significado una fuerte caída del PIB, desde 2006 hasta 2014, con respecto a los valores publicados.
Hacerlo hubiese implicado reconocer que se había cometido, desde el inicio, un error básico, pero de envergadura, que había deformado los resultados proporcionados hasta ahora por el Sistema. La evidencia indica que se adoptó la decisión de ajustar otras variables claves, tanto por el lado de la estructura sectorial de la economía como del gasto agregado, para evitar semejante caída del PIB.
Resulta obvio que una revisión seria de un sistema de la envergadura y complejidad de este no se podía hacer en el par de meses que mediaban entre la misión de asistencia técnica de Diciembre 2014 y la publicación del Informe Anual. La evidencia muestra que, por la limitación de tiempo, la “revisión hacia atrás” se hizo de manera bastante apresurada, dejando por todas partes numerosas huellas que delatan la manera extremada ad-hoc en que se realizó.
Desde entonces continúan las revisiones. El problema ha escalado hasta un punto en que el BCN ha dejado de publicar información que había publicado religiosamente por años. En el fondo, estaría el hecho de que, como el sistema es un todo estrechamente inter-relacionado, el colapso de una parte clave y la revisión de otras, produce un desbarajuste en todo el sistema, que forzaría a revisarlo por completo.
Pero un sistema tan complejo, estructurado a lo largo de cuatro años con el apoyo dedicado de tantas misiones, no se puede revisar y corregir de un día a otro. A estas alturas debería revisarse todo de nuevo, de manera paciente y rigurosa, desde el inicio, paso a paso, hasta reconstruirlo sobre bases nuevas y sanas. Pero esto implicaría proporcionar explicaciones, a nivel nacional e internacional, que podrían resultar embarazosas para los involucrados.
El problema más serio, en todo caso, no es técnico, sino institucional: dado que el BCN está sujeto a restricciones políticas muy severas, no puede afrontar la situación con la transparencia y la honestidad que el caso amerita, y al final debe arrojar resultados políticamente aceptables .
*Economista
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C