Si para un adulto es estresante cambiar de residencia, tenga por seguro que para un niño es mucho más traumático, porque para él o ella su mundo se acaba cuando el entorno donde creció e hizo amistades se vino abajo al momento de despedirse de sus amiguitos, y de esos espacios donde creó aventuras.
Es que los niños se sienten muy cómodos en el entorno que ya conocen y apropian ese espacio como suyo, pero cuando toca partir de ese lugar por diferentes motivos, la situación puede volverse “color de hormiga” y tenga por seguro que esa decisión puede provocarle a su hijo una crisis depresiva.
En el caso que ya no hay marcha atrás, entonces trate de mantener una actitud positiva delante de su hijo, para que ellos observen que el cambio lo está tomando con tranquilidad.
Es por ello, que antes de tomar cualquier decisión es importante que le exponga las razones que tiene para querer cambiarse de casa, eso sí, evite que otras personas se lo comenten primero. Luego descríbale cómo será la casa y dígale que la pasarán de lo mejor en el nuevo hogar.
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