Es inexplicable que en nuestro país los historiadores y la censura del Gobierno omitan la publicación de temas relacionados con la vida y gesta de sus adversarios, como es el caso de Pablo Salazar, conocido como “comandante bravo”. No es el sandinismo el dueño de la verdad ni de la gesta heroica combativa.
No es el caso de la biblioteca virtual Wikipedia, donde se le da un lugar e informa: “Pablo Emilio Salazar Paiz nació el 19 de abril de 1942 en el departamento de Zelaya, Nicaragua, y murió asesinado en 1979, en Tegucigalpa. Fue conocido como el ‘comandante bravo’, coronel destacado de la Guardia Nacional (GN) de Nicaragua. Hijo de Lisandro Salazar e Braganca y Aurora Paiz, de apellido paterno de origen aristocrático portugués”.
El “comandante bravo” fue un bravo de verdad, nunca dudó su alma en la necesidad de entregarla si fuese necesario por la libertad de su patria, como en efecto la entregó por repeler la invasión castro marxista. Iban a convertir el país en una segunda Cuba. Le sobreviven sus hijas, Erika Alessandra, Martha Paola y Geraldine Marie Salazar Rivas.
La vida forjada en la formación militar del “comandante bravo” y conocer el honor de su descendencia fueron clave en forjar su carácter inquebrantable. En menos de una semana de su retirada de Nicaragua, en 1979, ya tenía organizada las bases fundamentales de la Contra.
En el contexto de la guerra de 1979, Wikipedia nos ilustra: “El comandante bravo fue asignado a la jefatura del frente sur, por donde llegaba la mayor ofensiva internacional, que tenía bases en Costa Rica. Salazar creó un frente impenetrable, derrotando todas y cada una de las arremetidas del FSLN y de sus aliados internacionalistas procedentes de Panamá, URSS, Venezuela, Cuba, México, Libia y Argentina”. El resto de la historia la conocemos, el bloqueo del gobierno de Jimmy Carter, alegando ser defensor de los derechos humanos y con una “visión renovada” de la política exterior de Washington, cortaron el abasto de armas y municiones a Somoza provocando su caída.
Es lamentable que historiadores de Nicaragua no tengan estricta ética y valor para investigar, difundir y exponer la historia nacional y militar en su verdadera dimensión, sin presentar a los “muchachos” del movimiento guerrillero como simples víctimas cuando en realidad fueron más que eso, fueron victimarios, ejecutores de delitos de lesa humanidad, usaban el terror como arma, la crueldad en sus asesinatos al mejor estilo del Estado Islámico, quemando vivas a muchas de sus víctimas.
En su libro Nicaragua traicionada , el expresidente Somoza Debayle da cuenta de la forma cómo el FSLN organizó el complot donde asesinaron a Salazar en 1980, asesinado por agentes del recién formado G2 y de terroristas internacionales, como el argentino Enrique Gorriarán Merlo, Hugo Irurzún, “capitán Santiago”, Eduardo Berrestein y Jorge Masseti, todos bajo las órdenes de Tomás Borge y Daniel Ortega, y junto con el asesinato de Cornelio Hüeck fueron de los más atroces en la historia sandinista.
El doctor Bosco Matamoros Hüeck, también en su libro La Contra. Movimiento Nicaragüense , da a conocer sobre la actuación militar de bravo, en rescate de la memoria histórica.
El autor es abogado y notario público.
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