Hoy llega a Nicaragua el presidente de la República China en Taiwán, Ma Ying-Jeou, quien visita el país por segunda ocasión. La primera fue en julio del año 2009.
Taiwán es un país muy pequeño, pero de mucha presencia internacional y gran importancia para Nicaragua, ante todo por su generosa cooperación económica y material que no hace distinciones políticas de ninguna clase. Con el mismo sentido de amistad y cariño que le ayudó a Nicaragua durante los gobiernos democráticos de doña Violeta, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, le ha ayudado ahora que impera el régimen autoritario de Daniel Ortega.
Pero, además, Taiwán es ejemplar por su gran desarrollo económico, científico, tecnológico, educativo y cultural, a pesar de su pequeñez y escasez de recursos naturales. Es asombroso cómo un país tan pequeño, con apenas unos 36,000 kilómetros cuadrados en los que viven ahora más o menos 24 millones de personas, con una geografía mayormente agreste y no utilizable para actividades productivas, sin embargo, ha podido lograr un nivel de pujante desarrollo y prosperidad que lo coloca al lado de países muchísimo más grandes y ricos en recursos naturales. Y esto con la desventaja de tener que enfrentar durante mucho tiempo el acoso de la gigantesca China comunista, cuyos gobernantes totalitarios han hecho todo lo que han podido hacer para bloquear, aislar y tratar de someter al valiente y tenaz pueblo taiwanés.
Pero hay otra cualidad de Taiwán que la hace más admirable para muchos pueblos de distintas partes del mundo y especialmente para el de Nicaragua. Nos referimos a su ejemplar sistema democrático. Taiwán es hoy día una sociedad abierta y libre cuya democracia no tiene absolutamente nada que envidiar a las más antiguas y nuevas del mundo, como son las de América del Norte, Europa Occidental y Japón.
La construcción de la democracia y la vida democrática de Taiwán ha demostrado la falacia de la doctrina política de la China comunista, y de sus admiradores y seguidores en el mundo, de que la libertad, la democracia y la vigencia de los derechos humanos son fenómenos incompatibles con la cultura y las tradiciones asiáticas en general y chinas en particular. Eso es una gran mentira que se pregona para justificar la permanencia del totalitarismo. Taiwán comenzó en 1949 siendo un país autoritario, pero de manera voluntaria, pacífica y gradual, su gobierno y pueblo realizaron, a partir de 1973, profundas reformas democráticas, demostrando que los valores de la libertad, la democracia y los derechos humanos son universales; que se puede construir una economía pujante y desarrollada, y asegurar el bienestar material de la población, sin sacrificar y antes bien asegurando las libertades individuales, haciendo funcionar una democracia pluralista, con elecciones limpias, alternabilidad en el poder, justicia independiente y Estado de Derecho.
Para nosotros ese es el aporte más valioso de China Taiwán, cuyo presidente, el líder democrático, Ma Ying-Jeou, es bienvenido por todos los nicaragüenses, particularmente los que quieren desarrollo económico y prosperidad material, pero también gobernarse democráticamente y vivir libertad.