Para muchos padres la muerte súbita del bebé es un fantasma que puede quitarles el sueño. Si bien las causas no han sido del todo determinadas, algunas medidas pueden ayudar a la hora de prevenir este trágico fenómeno.
Entre las posibles causas se apunta la temperatura excesiva o la asfixia. Si bien la ciencia no ha llegado aún a determinar los factores de riesgo, es sabido que a los bebés les hace mejor dormir sobre la espalda, con el estómago hacia arriba.
Además, la temperatura ambiente no debería superar los 18-20 grados y la superficie sobre la que se les recuesta debería ser más bien firme.
Lo ideal es que ningún bebé duerma sobre juguetes, almohadas ni mantas.
En lugar de cubrir al bebé con una mantita, puede elegirse una bolsa de dormir para lactantes.
Los bebés solo están preparados para dormir con la barriga hacia abajo cuando están siendo observados por los padres o cuando pueden sostener con cierta seguridad la cabeza hacia arriba.
El sofá nunca es buena compañía del sueño, ya que su superficie suele ser blanda y caer en una dirección determinada.
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