El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica (DR-Cafta), vigente desde abril del 2006, está de nuevo en discusión en Nicaragua al comenzar el proceso de desgravación arancelaria de todos los productos incluidos en el acuerdo que entren al país. Esto significa que a partir de 2015 y en un plazo de 8 a 10 años, la producción nacional agropecuaria e industrial tendrá que competir sin protección arancelaria con los demás países del Tratado, es decir, sin los impuestos a la importación de todo producto estadounidense y centroamericano.
Ahora se comienzan a notar con mayor intensidad los grandes retos del DR-Cafta, que hasta la fecha ha significado la mejor plataforma económica, financiera y comercial para aumentar las exportaciones, atraer inversiones y generar más empleos formales.
Los países del DR-Cafta son los principales socios comerciales de Nicaragua. A ellos se exporta la mayoría de los productos nicaragüenses y de ellos llega la mayor cantidad de productos importados, turistas y remesas familiares. EE. UU. es el principal inversionista extranjero en Centroamérica y Nicaragua. A través del DR-Cafta el país accede de manera preferencial al mercado más grande del mundo, que es el estadounidense. Gracias a eso ha podido sortear mejor que otros la crisis mundial iniciada a fines de 2007, que todavía causa estragos en Europa y algunos países de Asia. EE. UU. es la economía desarrollada con mejores proyecciones de crecimiento económico en 2015, según el FMI.
Pero a raíz de que el 31 de diciembre del 2014 expiraron y no fueron prorrogados los TPL (otra concesión de los demás miembros del DR-Cafta a Nicaragua para darle tiempo a que dinamizara el sector textil vestuario de las Zonas Francas a través de la importación de telas más baratas), se ha puesto más en claro que este Tratado no solo representaba grandes oportunidades para el país sino también afrontar importantes retos para el futuro.
La verdad es que el TLC no solamente ha permitido a los productores e industriales nicaragüenses, acceder en el ochenta por ciento de sus exportaciones con cero arancel al mercado estadounidense. También proporcionó el entorno comercial adecuado para un aumento sustantivo en las Inversiones Extranjeras Directas (IED). De manera que en menos de cuatro años Nicaragua ha duplicado las exportaciones al resto del mundo y exporta más de lo que importa a los EE. UU., alcanzando niveles récord en la Inversión Extranjera Directa, incluyendo Zonas Francas, lo que ha supuesto más y mejores empleos.
Pero ahora, la mayor competencia que significa la desgravación progresiva de los productos de los demás países del DR-Cafta que ingresen a Nicaragua, asusta a algunos. Este temor podría inducir a un gobierno de orientación populista a tomar acciones contraproducentes, en perjuicio de lo que ha sido la mejor opción de insertarse exitosamente en el mercado globalizado del siglo XXI.
Un tratado de libre comercio solo puede ser compensado y superado por otro TLC. Ninguna opción populista podría compensar los beneficios del DR-Cafta, solo sería un pasaporte hacia el pasado.