Junior José Sevilla Moraga, de 13 años, falleció al ser arrastrado por las corrientes que produjo el aguacero de la noche del jueves, el cual dejó afectaciones de enormes magnitudes en el departamento de Managua, originando que se decretara Alerta Roja en sus nueve municipios. Así lo determinó el Sistema Nacional de Prevención, Atención y Mitigación de Desastres (Sinapred) por orden del poder ejecutivo.
Sevilla Moraga falleció después de ser arrastrado por más de trescientos metros por las corrientes del cauce que cruza el barrio Blanca Segovia, en el Distrito Cinco. El joven estaba a una cuadra de su casa.
Por otro lado, el drama de las inundaciones que vivieron miles de familias ante la caída de doscientos milímetros de agua, en un promedio de tres horas, llevó a las autoridades de la Alcaldía de Managua a presentar propuestas de proyectos para evitar que se repita el escenario.
Construir cuatro micropresas y ampliar un cauce son las obras a ejecutarse en el futuro, mencionadas por el secretario general de la comuna, Fidel Moreno.
Las micropresas estarían ubicadas en el barrio Hialeah, cerca del Cementerio Milagro de Dios, cauce El Borbollón y por Sabana Grande.
Ante la pregunta de Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, de cuándo se harían las obras, Moreno respondió: “Algunas obras se pueden hacer ahora y otras que requieren trabajarse en verano porque las condiciones más bien podrían poner en riesgo a las familias. En este momento planteamos estabilizar cauces con gaviones”.
En el Plan de Inversión Anual (PIA) 2015 no aparece presupuestada ninguna de estas obras. Esto deja en evidencia que la Administración actual ha ignorado la necesidad de prevenir este tipo de desastres.
Desde el 2012 no se construyen micropresas en el municipio, pese a las advertencias reiteradas de esta situación que se repite cada año.
DESASTRES EN TODOS LADOS
Ver a los niños jugando en las corrientes de agua que ocultaban los caminos de tierra no daban una idea clara de los daños y las pérdidas que unas ochenta familias de la segunda etapa del barrio Santa Elena, del kilómetro 13 Carretera Norte hacia el lago, sufrieron por las lluvias de la noche del jueves.
Los barrios Santa Elena y Montefresco resultaron con viviendas anegadas por el desborde del cauce El Borbollón, que también dejó un tramo del carril derecho de la Carretera Norte cubierto de lodo y restos de árboles que fueron retirados por el Fondo de Mantenimiento Vial (Fomav).
Para familias como la de Wilber Antonio Sánchez, la noche del jueves fue una pesadilla. Desde las 8:30 p.m. el agua se empezó a meter a su casa, trayendo consigo lodo y basura.
Según Sánchez, en esta ocasión tuvieron la suerte de poder poner sobre bloques y tacos de madera los enseres, porque hace dos años tuvieron varias pérdidas también por una inundación.
La casa de Sánchez es una de las mejores construidas de ese humilde y joven asentamiento: la mitad es de piedras canteras y la mitad de madera, mientras la mayoría de viviendas, también inundadas, son de zinc.
En esa segunda etapa del barrio Santa Elena las familias no cuentan con tuberías para agua potable o aguas grises.
Consumen agua potable que compran a cinco córdobas el balde y los quehaceres domésticos los realizan con agua que extraen de pozos artesanales, que producto de esta lluvia también se dañaron. Hasta las 10:00 a.m. de ayer ningún representante de las estructuras de barrio como los Gabinetes de la Familia o del Comité de Barrio para la Prevención de Desastres (Cobapred) había llegado a las viviendas afectadas para conocer la situación.
En el barrio Montefresco, las viviendas ubicadas paralelas a la Carretera Norte también se inundaron.
Nubia Colomer tiene más de veinte años de vivir ahí, frente al cauce El Borbollón. La del jueves, fue la segunda vez que se le inundó la casa este año, pero esta vez fue peor. “Perdimos todo. Yo casi me ahogo porque la puerta se trabó y tuvieron que agarrarla a patadas para poder abrir y sacarme. Todo se me perdió, sillones, televisor, equipo de sonido, ropa… solo quedamos con lo que andamos puesto”, narró Colomer, mientras trataba de no llorar y enseñaba sus camas enlodadas. En su casa viven diez personas.
VIVIENDA SEMIDESTRUIDA
En el anexo a Villa Libertad, el cauce que pasa por la terminal de la ruta 116 arrancó la mitad de la vivienda de Ruth María Alvarado Valle, en la que también vivían tres familias más. La fuerza de la corriente arrancó el revestimiento del cauce y socavó parte del suelo de la vivienda, lo que facilitó que la misma corriente luego dañara la infraestructura de esa casa construida con palos y láminas de zinc.
Alvarado Valle aseguró que los representantes del Cobapred en el barrio instaron a Ruth María trasladarse a un albergue, pero ella se rehusó. “No quise irme a un lugar que yo no sé con qué gente me van a poner, mejor me quedo aquí. En todo caso lo que yo pediría es que me den aunque sea un terrenito en otro lado y ahí yo voy a levantar mi casita de nuevo”, dijo.
CRECIDA DEL WAWA AÍSLA A WASPAM Y BILWI
La crecida del río Wawa, a treinta kilómetros de Puerto Cabezas, en la vía Rosita-Puerto Cabezas, provocó la suspensión de labores en el lanchón que se utiliza para cruzar los vehículos que viajan hacia Waspam y Puerto Cabezas, por lo que estos dos municipios del Caribe han quedado aislados.
Las autoridades del Caribe han anunciado que se mantienen alertas en todos los municipios de la región, vigilando sobre todo la crecida de ríos y listos para atender a la población como ocurrió en Bonanza donde las autoridades locales tienen a 38 personas albergadas en una escuelita en Vesubio, donde cuatro casas quedaron destruidas producto de un deslave.
DESAPARECIDO EN RÍO COCO
Los Bomberos y la Cruz Roja suspendieron ayer la búsqueda del joven Joel Antonio Calix, de 22 años, quien la noche del jueves fue arrastrado por las aguas de una quebrada que intentó pasar en el barrio 19 de Julio, para llegar a la casa de su hermano. Dos horas de un fuerte y persistente aguacero habían llenado la quebrada y se presume que el cuerpo fue arrastrado al río Coco.
ORDENAMIENTO TERRITORIAL
Un ordenamiento territorial para el desarrollo de nuevas urbanizaciones es una consideración que los directivos de la Cámara de Urbanizadores de Nicaragua (Cadur) no ven necesario, expresó el presidente de la misma, Ricardo Meléndez.
“No hay necesidad. Nosotros estamos construyendo en lugares aptos y además, previamente por eso realizamos estudios que son parte de las normativas y que analizan los funcionarios de las alcaldías, de la Empresa Nicaragüense de Alcantarillado, y otras”, dijo Meléndez.
Asimismo, recordó que ellos no pueden iniciar la construcción de ningún proyecto sin que toda esa serie de instituciones den un aval para hacerlo.
Meléndez sostiene que, en todo caso, es necesario actualizar las normas para construir y una mayor coordinación y apoyo por parte de las autoridades pertinentes, tal es el caso del Instituto de la Vivienda, Urbana y Rural (Invur), que debe velar por la seguridad de las construcciones a nivel nacional.
(Colaboraciones de Alina Lorío, José Garth, Jeniffer Castillo y Yohany López).
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