Latinoamérica conmemoró ayer el Día Mundial contra el Trabajo Infantil con señales de avance en la reducción del problema, pero con el reto de erradicar para fines de esta década este flagelo que afecta a cerca de 13 millones de niños.
Precisamente, este año la fecha se enfoca en la educación como un factor clave en la lucha contra el trabajo infantil, que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), afecta a 168 millones de niños en el mundo, de los cuales 85 millones realizan labores peligrosas.
Aunque la región ha logrado reducir en los últimos años en 7.5 millones el número de niños trabajadores, un 8.8 por ciento de los menores de la región sigue siendo víctima de este problema, con cerca de nueve millones ejecutando tareas riesgosas, especialmente en agricultura, pesca, servicio doméstico, minería y ventas ambulantes.
Este es uno de los factores, según la Unicef, por los que cerca de 4.2 millones de menores de la región no asisten a la escuela, en lo que coincide la OIT en su Informe mundial sobre el trabajo infantil 2015, en el que afirma que en los países de bajos ingresos entre veinte y treinta por ciento de los niños deja de estudiar y entra a trabajar a los 15 años.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió tomar medidas para que todos los menores de la región puedan terminar al menos el ciclo de enseñanza primaria y formarse para tener un empleo digno cuando sean adultos.
Paradójicamente, combatir la pobreza fue una de las razones por las que Bolivia decidió legalizar en 2014 el trabajo infantil, tras la exigencia de los propios menores trabajadores. El trabajo de los niños por su cuenta está permitido a partir de los 10 años y a partir de los 14 años pueden tener una relación de dependencia con un empleador, siempre que cuenten con permiso de sus padres y del Ministerio de Trabajo.
República Dominicana, Ecuador y Costa Rica han reducido la cantidad de niños que trabajan con programas escolares que incluyen incentivos para asistir a clases.
1.2 millones de menores trabajan en Centroamérica, una región marcada por la pobreza que ha logrado sacar de la fuerza laboral a cientos de miles de infantes, según datos oficiales de Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Panamá.
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