El pasado 20 de mayo escribí un artículo que titulé A propósito de injuriados, en el que hice una analogía entre el juicio que estaba enfrentando Milton Arcia y un libro que leí hace mucho tiempo, sobre un juicio de injurias en Inglaterra.
En ese juicio (el de Inglaterra) un político demandaba a un prominente ciudadano por haberlo injuriado. Pero durante el proceso se comprobó que el político había inventado la palabra corrupción, por lo que el judicial inglés condenó al ciudadano a pagar únicamente un centavo de multa, ya que esa cantidad, según su criterio, valía el honor y el decoro del acusador.
Caso contrario sucedió en el juicio contra Milton, ya que lo condenaron a la pena máxima en un juicio en que en una ocasión alguien del público le gritó corrupto al juez, incidente que provocó que retiraran a los periodistas independientes. De no haber sido por el vocero del poder judicial, no nos hubiésemos dado cuenta de algunas preferencias del juzgador. Pero el propósito de este escrito no es hablarles del artículo anterior, sino de hacer un análisis del resultado de la apelación que modificó la cuantía de la multa.
Según cédula judicial librada por el juzgado noveno civil de distrito de Managua, que le fue notificada a Arcia, se modificó la sentencia en donde se le mandó a pagar ochenta mil córdobas, reduciéndola a cinco córdobas por el “delito” de injuria y cinco córdobas por el “delito” de calumnia, es decir un total de diez córdobas. Si nos atenemos al criterio del juez inglés, el acusador de Milton no debe sentirse muy cómodo, pero para serles sincero me importa poco el criterio del funcionario de la Empresa Nacional de Puertos. Lo que sí quisiera resaltar es el criterio del juez Noveno Civil de Distrito de Managua, quien merece el respeto de los que a diario reclamamos imparcialidad del sistema judicial.
Un amigo me decía que esta sentencia no hubiese sido posible sin el visto bueno de “ustedes ya saben quién” (palabras textuales); pero esa posibilidad lejos de reducir mi respeto por el judicial, me alienta. Porque quiere decir que el que ya saben ustedes quien, comienza a darse cuenta que el vaso esta por rebalsarse y que no hay un solo poder del Estado en que no haya corrupción y, lo que es peor, todos los corruptos aseguran que las injusticias, resultado de sus fechorías, se dan por órdenes de ya saben ustedes quien.
Pero en el caso de Milton Arcia, todavía la justicia sigue pendiente, pues hasta hoy no empieza el juicio de expropiación por utilidad pública que el procurador general de justicia entabló en un juzgado de esta capital, en el que el Estado tendrá que indemnizar en su justo valor el hotel que fue destruido el pasado 3 de abril, por órdenes de arriba, según el acusador por injurias.
La verdad es que el de arriba o el ya saben ustedes quien, tiene todavía esa tarea pendiente porque hoy más que nunca los ojos de los nicaragüenses están puestos sobre el resultado final del atropello al empresario turístico. Personalmente soy del criterio, que el que ya saben ustedes quien, o el de arriba como le llaman los funcionarios públicos, todavía tiene la oportunidad elegir cómo quiere pasar a la historia. De lo contrario la opción será del pueblo.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense.
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