Sepp Blatter, el jefe supremo alguna vez inexpugnable del deporte más popular del mundo, inesperadamente anunció su intención de renunciar cuatro días después de haber ganado la reelección.
El hombre de 79 años dijo que convocará un congreso especial en algún momento entre diciembre y marzo para elegir a su sucesor como presidente de la FIFA, un puesto que ocupa desde 1998.
El imperio de US$1,000 millones al año de Blatter comenzó a derrumbarse en el mismo instante en que la policía suiza, que actuaba en base a pedidos de extradición de Estados Unidos, despertó a altos funcionarios y los sacó de la cama en un hotel de lujo la semana pasada. Cuando su organización se volvió objeto de una investigación penal, el respaldo se diluyó.
“Aunque los miembros de la FIFA me dieron un nuevo mandato y me reeligieron presidente, este mandato no parece estar respaldado por todos en el mundo del fútbol”, dijo Blatter el martes en Zúrich. “Aprecio y amo a la FIFA más que a cualquier otra cosa y sólo quiero hacer lo mejor para el fútbol y para la FIFA, nuestra institución”.
Como presidente de la FIFA, el mandato de Blatter estuvo signado por la controversia, más recientemente en torno de la selección de Rusia y Qatar como sedes de la Copa del Mundo de 2018 y 2022. Esto terminó siendo su perdición.
Pago de US$10 millones
El martes se supo que el funcionario número 2 de la FIFA bajo las órdenes de Blatter autorizó un pago de US$10 millones que los fiscales estadounidenses calificaron de soborno, dijo una persona familiarizada con el asunto.
Jerome Valcke, secretario general de la FIFA, es el funcionario cuyo nombre aparece en una acusación que hizo pagos desde la FIFA a cuentas bancarias en Nueva York que eran supervisadas por Jack Warner, el director de larga data de la Concacaf, la confederación de fútbol de Centro América y Norteamérica, dijo la persona, que pidió mantener el anonimato porque la cuestión no es pública.
Ni Valcke ni otros altos funcionarios estaban involucrados en la “iniciación, aprobación e implementación” del pago, dijo la FIFA en un comunicado el martes. Y agregó que la transferencia de 2008 fue aprobada por el presidente de la comisión de finanzas. En ese momento, esa persona era Julio Grondona, un argentino que murió el año pasado a los 82 años, mientras que Warner era vicepresidente.
Michel Platini, que lidera el organismo que gobierna el fútbol de Europa y que le pidió a Blatter que renunciara la semana pasada, dijo en un comunicado que su anuncio era “una decisión valiente y la decisión correcta”.
El respaldo a Blatter para extender sus 17 años en el puesto se debilitó cuando los miembros del Caribe le retiraron su apoyo y se lo dieron a su rival, el príncipe Ali Bin Al Hussein.
Estados Unidos y Canadá anunciaron el respaldo al príncipe jordano, mientras que los delegados sudamericanos dijeron que el grupo tal vez no vote en bloque. El organismo que gobierna el fútbol europeo, la UEFA, había considerado un boicot del voto. Su jefe, el ex futbolista francés Michel Platini, públicamente instó a Blatter a renunciar.
Reacción mundial
La reacción ante la renuncia de Blatter en el mundo del fútbol llegó rápidamente.
“Todos los directores corruptos de las federaciones sentirán su alejamiento como un tsunami”, dijo el campeón mundial Romario, de Brasil, en su página de Facebook. “Esta es la mejor noticia de los últimos tiempos”.
El alejamiento de Blatter significa que está comenzando una nueva era para el fútbol mundial, dijeron otros.
“Es un buen día para el fútbol mundial”, dijo John Delaney, director ejecutivo de la asociación de fútbol de Irlanda, en una entrevista por la televisión irlandés. Delaney exigió la renuncia de Blatter la semana pasada. “Ahora es importante cuando avance el debate que aprovechemos la oportunidad para cambiar la cultura de la FIFA, porque podemos ver que la cultura de la FIFA era corrupta, una cultura del soborno, que tenía más que ver con una película de mafia que con el fútbol”.
Mientras Blatter fue presidente de la FIFA, los ingresos del organismo se dispararon –la última Copa del Mundo generó ingresos por casi US$5,000 millones- y más de US$1,000 millones de esa cifra fue compartida con los países miembro a través de los llamados programas de “solidaridad”.
Reputación vapuleada
Al mismo tiempo, la reputación de la FIFA se vio sacudida por sucesivas crisis en tanto Blatter reprimía las críticas contra la organización. En 2004, dijo que el interés público en el fútbol femenino crecería si las jugadoras usaran “shorts más ajustados” y luego comparó las compras y ventas de jugadores con la “esclavitud moderna”.
La reputación de FIFA se hundió aún más después del voto de 2010 por Qatar y Rusia y la exitosa campaña presidencial de Blatter un año más tarde. Después de que su único oponente, el qatarí Mohamed Bin Hammam, se retiró luego de acusaciones de intentar sobornar a los votantes, Blatter se aseguró el puesto por un cuarto mandato.
Dijo que ese período sería su último y que reconstruiría a la FIFA. Tres años más tarde, con FIFA aún en la mira, Blatter dio marcha atrás y anunció que seguiría en el cargo. Lo intentó.