Surfistas, aficionados y organizadores. Todos con un punto en común: el amor a las olas. Y las olas de la playa Popoyo de Tola, Rivas, hicieron su parte para encantar a todos los que se reunieron ayer en el primer día de competencia de los Juegos Mundiales de Surf.
Con fuerza subían, se deslizaban y terminaban en una bella espuma blanca, la que marcaba el punto final del recorrido de los surfistas. Olas consistentes, que dieron la razón a la Asociación Internacional de Surf (ISA por sus siglas en inglés), al escoger playa Popoyo para albergar el más grande evento de esta organización.
Popoyo era más que una playa, era un escenario de fantasía, donde el intenso calor típico de esta zona de Nicaragua solo era igualado por el calor de fraternidad que envolvía el ambiente.
Y es que aunque la competencia era fiera entre los atletas, al final, vencedores y vencidos salían del agua con una gran sonrisa, pues en este evento el espíritu de amistad que caracteriza a los surfistas prevaleció.
Eran 27 banderas las que adornaban un flanco de la playa, todas en una estrepitosa danza originada por el viento, que a la vez hacía subir las olas para dar la oportunidad a los competidores para hacer su propio baile sobre ellas.
Tan distintas aquellas banderas, como los idiomas de sus portadores, pero al final, la sensación era la misma: la adrenalina recorriendo cada centímetro del cuerpo de los surfistas y transmitiéndose hasta aquellos que estaban sentados en la arena.
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