A su expresiva mirada de tristeza infinita hay que agregarle un toque de hollín y moho que evidencian que la imagen de Cristo Rey yace en el absoluto abandono en el sitio donde se erigió en enero del año 2000. El monumento, de 12 metros de altura sobre el pedestal en forma de mundo, luce renegrido y opaco, paupérrimo, en comparación con el esmerado cuido y brillo que las autoridades otorgan a las arbolatas amarillas que se erigen por toda la capital.
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