El futbol que se juega en Nicaragua es muy modesto, por decirlo de manera amable. El país ocupa el lugar 154 en el ranking de la Federación Internacional de Asociaciones de Futbol (FIFA, por su sigla en inglés), y en América Latina y las islas del Caribe y las Antillas está en el sitio número 30.
Sin embargo Nicaragua se encuentra hoy en la cima del peor escándalo por corrupción en la historia del futbol internacional organizado, que es gestionado por la FIFA; lo cual se debe a que el nicaragüense Julio Rocha, expresidente de la Federación Nicaragüense de Futbol y director de la Oficina de Desarrollo de la Confederación de Futbol de América del Norte, América Central y el Caribe (Concacaf), es uno de los siete directivos de la FIFA que han sido encarcelados en Suiza bajo la acusación de asociación mafiosa, fraude y blanqueo de dinero por alrededor de 150 millones de dólares.
Según reportó la agencia española de prensa Efe, Rocha es considerado por funcionarios nicaragüenses como “el dirigente deportivo más grande de la historia de Nicaragua”. Y por eso su encarcelamiento por la acusación de graves actos de corrupción y organización mafiosa, afecta al futbol nicaragüense, a todo el deporte nacional y a Nicaragua en términos generales.
Pero lo corrupto no es el futbol, ni el deporte en general y mucho menos que lo sea el país. El corrupto es el individuo que ha cometido actos de corrupción, siempre y cuando la autoridad judicial correspondiente determine que es culpable de los delitos por los cuales se le acusa, porque en este como en todos los casos se debe respetar el principio de derecho de presunción de inocencia.
Es muy cierto que el futbol internacional, igual que otros deportes de gran popularidad como el boxeo o el beisbol, se ha convertido en un negocio fabuloso. En el caso del futbol, según el documento acusatorio de la Corte estadounidense de Nueva York contra Julio Rocha y los otros seis imputados, en el periodo de 2007-2010 la FIFA reportó ingresos de 4,189 billones de dólares, de los cuales 3,480 billones fueron por venta de derechos de televisión y comercialización de la Copa Mundial de 2010. Y sus ganancias netas fueron de 631 millones de dólares.
Agrega el escrito acusatorio que en el periodo 2011-2014, los ingresos de la FIFA subieron a 5,718 billones de dólares, de los cuales 4,008 billones fueron generados por la Copa Mundial de 2014, en Brasil, y la ganancia neta fue de 338 millones de dólares.
Pero el negocio, si es lícito, no significa corrupción aunque sea de enormes dimensiones económicas como es el futbol profesional internacional. La corrupción es un acto deliberado de la persona humana, la cometen quienes administran los negocios deportivos y se aprovechan de su posición e influencia para traficar y procurarse indebidamente grandes riquezas. Y por lo tanto lo que se debe hacer es depurar la institución, en este caso la FIFA, castigar a los corruptos y establecer mecanismos eficaces de prevención y vigilancia.
De cualquier manera, a pesar del fenomenal escándalo de corrupción en la FIFA, el deporte seguirá siendo lo que siempre ha sido: una actividad que promueve el desarrollo físico y mental de las personas, que entretiene y fomenta la comprensión y la amistad entre los pueblos.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A