Hace unos quince años el auge que tomó el uso de productos orgánicos en las actividades agrícolas, amenazaba con desplazar a los químicos. Sin embargo, las extremas variaciones climáticas registradas en los últimos años —que propician las condiciones para el desarrollo de plagas y enfermedades— han obligado al sector a retomar el uso de químicos. Ahora la tendencia es complementar este uso con un enfoque agroecológico.
“Esta es una estrategia que trata de asegurar a los cultivos un buen ambiente con plantas fuertes y bien nutridas, en condiciones favorables y con el uso de productos alternativos que se complementan con algunos químicos de franja verde”, explica María Auxiliadora Briones, gerente general de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico, Agropecuario y Forestal de Nicaragua (Funica).
US$177.1 millones sumaron las importaciones de fertilizantes y agroquímicos durante el 2014. Unos 38.9 millones de dólares representó la compra de otros insumos para la agricultura, según las estadísticas del Banco Central de Nicaragua.
Los agroquímicos se clasifican en líneas, bandas o franjas de acuerdo con el nivel de toxicidad: roja los extremadamente y altamente tóxicos; amarilla los moderados; azul con ligera toxicidad y verde los que no presentan riesgo.
Y aunque la incertidumbre climática provoca afectaciones severas provocadas por la proliferación de plagas y enfermedades, esto no implica que deban usarse químicos más tóxicos, como los de línea roja, que por su peligrosidad han caído en desuso y están prohibidos en otros países. “Es necesario un cambio de cultura porque muchos productores siguen buscando los de este tipo porque en su momento los usaron y les tienen fe”, indica Carlos Zelaya, investigador del Centro Internacional de Agrícola Tropical (CIAT).
Los especialistas coinciden en que se debe encontrar un balance que permita estabilizar los ecosistemas, a través del enfoque agroecológico.
“Esto implica abordar de manera conjunta los problemas del agua, el suelo y los bosques, para mantener balanceado el ambiente de los ecosistemas a fin de disminuir el riesgo de afectación de las plagas y enfermedades, especialmente en épocas secas como la actual, que propician el desarrollo de todas estas enfermedades que afectan incluso la salud humana”, explica Briones.
Estudios recientes publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés) han reiterado que el uso de agroquímicos en el manejo de plagas, enfermedades y malas hierbas puede tener un impacto importante sobre el medioambiente.
Por esto se recomienda reducir el uso de plaguicidas a través del manejo integrado de plagas que incluya el control biológico e innovaciones tecnológicas, ya que cuando es necesario el recurrir a los químicos se obtienen mejores resultados.
En cifras
Los resultados del cuarto Censo Nacional Agropecuario (Cenagro 2011) revelan que en las fincas se invierte en productos químicos, pero no se hace lo mismo con otras tecnologías como las semillas de calidad.
262,546 fincas registra el cuarto Censo Nacional Agropecuario (Cenagro 2011).
- 141,321 explotaciones agropecuarias dijeron que usan herbicidas.
- 114,416 explotaciones reportaron el uso de insecticidas.
- 72, 362 fincas reportaron el uso de fungicidas y 93,292 registraron el uso de fertilizantes químicos.
- 17,872 fincas dijeron que usaban fertilizantes orgánicos.
- 12,059 explotaciones agropecuarias dijeron usa semilla certificada.
- 29,665 explotaciones admitieron el uso de semilla mejorada.
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