El excanciller uruguayo Luis Almagro prometió “más derechos para más gente” en su toma de posesión como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), en relevo del chileno José Miguel Insulza.
Almagro asumió sus nuevas funciones en una reunión protocolaria del Consejo Permanente ante los embajadores y representantes de los 34 países miembros activos de la institución, todos los del continente salvo Cuba.
«Juntos, en la diversidad, con respeto, tolerancia y diálogo podemos asegurar más derechos para más americanos». Luis Almagro, nuevo secretario general de la OEA.
“Mi administración hará del lema Más derechos para más gente su motivo de existencia, porque el hemisferio está harto de exclusión, de derechos políticos, económicos o sociales para algunos pero no para todos, está cansado de racismo, de persecución, de prejuicios y antagonismos estériles”.
El nuevo secretario general, que ya ha anunciado que no optará a la reelección, expresó que “en el terreno de la gobernabilidad democrática, la OEA debe tender una mano a aquellos países que atraviesan momentos de crispación y antagonismos que a veces sobrepasan los niveles de civilidad a los que la democracia regional debe aspirar”, sostuvo Almagro en su discurso de toma de posesión ante el Consejo Permanente de la organización en su sede de Washington.
Preguntado en una conversación posterior con periodistas si con esa afirmación se refería a la crisis en Venezuela, Almagro dijo no haber puesto “el caso de Venezuela por encima de ningún otro”.
“Para evitar estandarizaciones y situaciones de crispación y conflicto, creemos que la OEA tiene que generar situaciones de confianza y esas situaciones de confianza implican la necesidad de trabajar con los países y eso implica no condenarlos a priori sino generar condiciones de diálogo que lo posibiliten”, añadió.
Renovación
Luis Almagro, veterano diplomático de izquierda llega a la OEA dispuesto a recoger las peticiones de cambio y cumplir sus objetivos de renovar el organismo, superar divisiones internas y reintegrar a Cuba.
José Miguel Insulza estuvo al frente del organismo durante una década marcada por una profunda división interna que dificultó los consensos, el golpe de Estado en Honduras de 2009, el levantamiento de la suspensión de Cuba ese mismo año, la crisis política en Venezuela y el avance en la política contra las drogas.