La guerra, los saqueos y los ataques del Estado Islámico (EI) han llevado a una situación catastrófica a las antigüedades en Siria, como afirman sus responsables, preocupados por el futuro del sitio arqueológico de Palmira, una ciudad de dos mil años de antigüedad, en el desierto sirio.
“Es un desastre”, sentencia el director general de las Antigüedades y Museos del país, Maamún Abdelkarim, cuando echa la vista atrás a estos más de cuatro años de contienda, en los que unos 750 lugares y monumentos han sido dañados a lo largo y ancho del territorio.
En un vídeo difundido en línea ayer, la directora general de la Unesco, Irina Bokova, advirtió de que “toda destrucción en Palmira sería no solamente un crimen de guerra, sino también una enorme pérdida para la humanidad” y reiteró su llamada al Consejo de Seguridad de la ONU para que se implique.
Junto con Palmira, los otros cinco lugares sirios en la lista de la Unesco son los cascos viejos de Damasco, Alepo y Busra; el Crac de los Caballeros y las aldeas antiguas del norte. El más afectado es Alepo, donde cien edificios tradicionales han sido destruidos y mil tiendas del zoco han resultado calcinadas.
Para velar por el patrimonio, las autoridades sirias cooperan con la Unesco, organizaciones internacionales y otros gobiernos; y siguen pagando los salarios a 2,500 trabajadores del sector, incluso en las áreas fuera de su control.
Pero los yihadistas no se limitan a devastar con fines propagandísticos, también sacan partido de la venta ilegal de antigüedades. Ahora, el punto de mira del EI es Palmira, porque “al tratarse de un sitio Patrimonio de la Humanidad lo que se saque de ella es fácil de vender y además las cosas están en la superficie, no es necesario excavar”, advierte el profesor Amer al Azm, de la Universidad del Estado de Shawnee en Ohio (EE. UU.) y que dirige el Grupo de Trabajo del Patrimonio Sirio (GTPS).
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