Guillermo E. Miranda

A propósito de injuriados

Recientemente un compadre me comentó que había asistido a una de las audiencias más inverosímiles que se puedan imaginar. Era un juicio en donde un funcionario público demanda le sea restituido su honor, su dignidad y de paso castigar con unos chambulines al demandado para que no ande dudando de la honorabilidad de los funcionarios de este gobierno. Las interioridades que me explicó sobre el juicio, me hicieron recordar un libro que leí hace mucho tiempo, sobre todo cuando le pregunté que si seguiría asistiendo al juicio en mención y su repuesta fue un rotuno no. Para qué si ya con lo que vi me sé el final, me dijo.

El libro del que les comenté, trata precisamente sobre un juicio que promueve un alto funcionario del gobierno inglés, que demanda a un ciudadano por haberlo acusado de corrupto, deshonesto y otros calificativos por el estilo. En el juicio, el funcionario inglés también le demanda a su ofensor la restitución de su honor y una satisfacción en metálico de varios cientos de miles de libras esterlinas (moneda inglesa), en el transcurso del mismo el funcionario injuriado logra probar que efectivamente el ciudadano había vertido los epítetos causantes de la acusación, pero también comienzan a salir testigos y hechos que ponen en entre dicho el honor del acusador. Hasta que no queda duda de que el funcionario público era un corrupto incorregible, que abusaba de su posición en detrimento del pueblo y que su única fuente de apoyo eran otros de la misma calaña de él, que le protegían sus fechorías.

Lo interesante de esta anécdota, es que después de largos debates en el juicio, llega la hora de la sentencia en que el juzgador tiene que dictar su veredicto y de forma muy ceremonial, muy a lo inglés, declara haber encontrado mérito en la acusación y condena al acusado por injurias a pagar el justo valor pecuniario por la honra y el honor del funcionario, condenándolo a pagar la cantidad de un centavo. Es decir, la moneda de menor denominación de la época, haciendo énfasis en que a su juicio eso valía el honor del acusador.

Según el decir de mi compadre, nada que ver con el juicio al que el asistió en donde era evidente para el público presente que a este ciudadano, es decir al del juicio que él asistió, no le iba a ir tan bien como al del libro, sencillamente porque aquí no estamos en Inglaterra ni el juzgador era de origen inglés.

He querido hacer este comentario porque al igual que mi compadre, también he sabido de un sinnúmero de nicaragüenses que han tenido la pesadilla de pasar por nuestro sistema judicial en reclamo de justicia, justicia que al decir de los mismos no encontraron, lo que me recuerda aquel aforismo jurídico que dice: para reclamar justicia no solo hace falta tener la razón, sino saber pedirla y por último que quieran dártela.

En el transcurso de mi vida he sobrevivido a un terremoto y dos revoluciones, también he visto subir y bajar gobiernos, los que suben lo hacen prometiendo justicia e igualdad de derechos, y los que bajan comienzan su descenso violando los derechos humanos de sus ciudadanos y negándoles el derecho a la justicia en sus justos reclamos.

El autor fue Comandante de la Resistencia Nicaragüense.

COMENTARIOS

  1. Hace 11 años

    Nicaragua, sin lugar a duda va al despenadero,al abismo,no le veo future.

  2. roberto
    Hace 11 años

    Algo extrano en todo esto? yo no lo creo, lo extrano habria sido que la ley y su juez le dierar al acusado el veredicto correcto y en cambio se le impusieran las debidas penaliades al funcionario en custion por su abuso de la Ley y pretender ser la blanca paloma, a la cual no se le puede tocar ni con el petalo de una rosa negra.Asi es Nicargua, asi es mi pais en estos momento tristes y desafortunados

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