Para esta mujer nunca existe venta mala, todo es asunto de dejarlo en manos de Dios. De sus ventas mantiene a dos de sus hijos y el negocio le da para todo. LA PRENSA/ M. GARCÍA

Vivero ambulante en calle de Diriamba

Doña Auxiliadora del Socorro Mora Díaz es una mujer muy humilde. Vive en el campo y desde hace un año decidió emprender un nuevo negocio. Nunca pensó que vender plantas le daría de comer a ella y a su familia.

Doña Auxiliadora del Socorro Mora Díaz es una mujer muy humilde. Vive en el campo y desde hace un año decidió emprender un nuevo negocio. Nunca pensó que vender plantas le daría de comer a ella y a su familia.

Viernes y sábados vende en un lugar donde la intendencia del mercado en Diriamba le ha autorizado. Ahí estaciona su carretón, lo acuña con dos piedras y espera a que empiece a llegar la clientela.

No necesita anunciar sus productos, los colores y la variedad de plantas se venden por sí solos, la gente se acerca a veces solo para preguntar, pero cuando observan con más atención, casi siempre se llevan una.

Su esposo es quien conduce el carretón, pero también la acompaña su hijo de 12 años, quien está atento de regar a cada momento las plantas y rellenar los espacios de las que se van llevando.

Auxiliadora tiene 39 años, vive en la comarca Las Guabas, a unos tres kilómetros de Diriamba, es muy creyente en la palabra del Señor, ya que en mayo del 2012 se le desarrolló un tumor en la matriz que le impidió dedicarse a la venta de leña, su trabajo anterior.

Los médicos le decían que iba a morir, pero ahora con gran emoción cuenta su historia, gozando de mucha salud. “Mientras me recuperaba, decidí seguir en la venta de la leña, pero como ya se le ganaba poco, me dediqué a vender pan, rosquillas y pinol de un horno que había en la casa”, recordó.

También vendió frijoles, chilotes, chicha de maíz y atol agrio en el mercado, aunque todo lo vendía asegura que era un trabajo transitorio, porque eso lo hacía solo en temporada.

Su esposo era agricultor, sembraba alrededor de siete manzanas de frijoles y maíz con sus tres hijos, pero como el señor es diabético no pudo continuar con ese trabajo.

Algo se le tenía que ocurrir. La necesidad la obligó a dedicarse a la venta de plantas, pero antes un amigo le había comentado que ese negocio no generaba muchas ganancias.

Le obsequió diferentes especies y sin pensarla dos veces empezó a sembrarlas. Las que no tenía, las compraba en Catarina y su capital inicial era doscientos córdobas, lo que a duras penas le daba solo para ocho matas. “Eso para mí era suficiente y regresaba feliz con mis hijos, porque ya llevaba algo”, indicó.

Plantas en su casa

Actualmente cuenta con un vivero de plantas en su casa, antes de emprender el negocio, mandaba a sus hijas a la calle a recoger bolsas plásticas de leche y detergente para echar ahí las plantitas que venía consiguiendo.

Doña Auxiliadora también recolecta botellas plásticas que luego corta para hacer unas canastas que le den mejor vistosidad al producto. Compraba quinientas bolsas plásticas para sembrar las plantas, ahora dice que son cinco mil.

La producción de las plantas va en aumento, cuenta con setenta variedades de cactus, árboles frutales, medicinales, ornamentales, chiltomas y cítricos.

Parte de las que ella siembra junto con su familia cuestan 15 córdobas, pero las rosas, que las compra en otro lugar, cuestan C$35.

“Hay muchos que dicen que trabajo no hay, pero Dios nos pone siempre la bendición, pero también esa bendición hay que buscarla”, dijo.

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