Un tribunal egipcio condenó ayer a muerte al expresidente islamista Mohamed Mursi, derrocado por el ejército en 2013, por actos violentos y por fugarse de prisión durante la rebelión de 2011 contra el régimen de Hosni Mubarak.
El tribunal impuso también la pena capital a un centenar de acusados, entre ellos varios dirigentes de los Hermanos Musulmanes. El muftí de Egipto (autoridad religiosa) habrá de pronunciarse sobre la sentencia, antes de que se la confirme o invalide, el 2 de junio, pero su punto de vista no es vinculante.
Para la organización Amnistía Internacional, el veredicto refleja “el estado lamentable del sistema de justicia penal del país”. “La pena de muerte se ha convertido en la herramienta favorita de las autoridades para eliminar a la oposición política”, agregó la organización.
“Desgraciadamente, el presidente electo por el pueblo de Egipto con 52 por ciento de los votos ha sido condenado a muerte”, declaró el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, para quien “lamentablemente, Occidente sigue haciendo la vista gorda ante el golpe de Estado de Sisi”.
El tribunal también debía pronunciar su veredicto en un caso en el que Mursi estaba acusado de espionaje, entre 2005 y 2013, principalmente en beneficio de Hamás, de Hezbolá y de Irán. De este escapó a la pena de muerte.
Horas después de darse esta condena dos jueces y un fiscal egipcios, y su chofer, murieron a balazos en el primer ataque contra magistrados en la península del Sinaí, indicó un responsable policial.
REPRESIÓN
Mohamed Mursi fue derrocado en 2013 por el exjefe del ejército y actual presidente, Abdel Fattah al Sisi. Activistas de derechos humanos consideran que el gobierno de Sisi ha sido mucho más represivo que el de Hosni Mubarak, derrocado tras treinta años en el poder.
Tras el derrocamiento de Mursi, la represión dejó más de 1,400 muertos, la mayoría manifestantes islamistas, y 15,000 encarcelados, la mayoría miembros de Hermanos Musulmanes, a la que pertenece Mursi.
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