La escuela del pasante de Derecho Felipe Ibarra, donde Rubén concluyó su educación primaria, tenía una singularidad: el maestro componía versos. De ahí que pronto el niño Rubén y el maestro Ibarra se hicieran grandes amigos. Ibarra quedó sorprendido del talento poético del niño Rubén. Le ayudó en sus composiciones primerizas. Puede decirse que la primera influencia literaria sobre Rubén fue la del maestro Felipe Ibarra, a quien Rubén recordó siempre con cariño.
Por esa época se inicia también su voraz afición por la lectura, llegando a ser, pese a sus pocos años, un lector infatigable. “En un viejo armario, nos cuenta en su autobiografía, encontré los primeros libros que leyera. Eran un Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia; los Oficios, de Cicerón; la Corina, de Madame Stael; un tomo de comedias clásicas españolas, y una novela terrorífica, de ya no recuerdo qué autor, La Caverna de Strozzi. Extraña y ardua mezcla de cosas para la cabeza de un niño”.
Concluida la escuela primaria, la adinerada de la familia Darío, la tía Rita Darío de Alvarado, interpuso su influencia para que Rubén fuera recibido en el colegio de secundaria que los padres jesuitas establecieron en la iglesia de la Recolección. La permanencia de Rubén con los jesuitas no duró mucho. Pese a ello, Darío siempre reconoció la influencia de los jesuitas en la religiosidad de sus primeros años adolescentes, que se percibe en sus composiciones de esa época. En Todo al vuelo (1912), Rubén reconoce: “He de insistir siempre en que los padres de la Compañía de Jesús fueron los principales promotores de una cultura que no por ser si se quiere conservadora deja de hacer falta en los programas de enseñanza actuales. Por lo menos conocíamos nuestros clásicos y cogíamos al pasar una que otra espiga de latín y aun de griego”.
Un grupo de padres de familia decidió asociarse para la fundación del Colegio de León. Entre los auspiciadores de la iniciativa se encontraba Pedro Alvarado, casado con Rita Darío. Entre los alumnos internos del nuevo plantel aparecen inscritos el hijo de don Pedro y la tía Rita, Pedro Alvarado Darío, y Félix Darío Sarmiento, sobrino de ambos y becado por ellos.
Gracias al esfuerzo de los padres de familia fue posible contratar al profesor polaco-español José Leonard para que asumiera la dirección del colegio y la enseñanza de Letras e Historia Universal. El 6 de marzo de 1881 tuvo lugar la solemne inauguración del nuevo colegio con asistencia de las principales autoridades civiles y eclesiásticas. Cuando le correspondió su turno al director José Leonard, este aprovechó para exponer la filosofía educativa del nuevo centro. Precavido del medio en que se desenvolvía, Leonard usó un lenguaje prudente, pero no pudo menos que exaltar la libertad de pensamiento y de conciencia. La alusión a la libertad de pensamiento y de conciencia fue mal interpretada por el sector eclesiástico recalcitrante y por algunos políticos conservadores.
Por esa época se produce en el adolescente Rubén una profunda transformación ideológica y espiritual, en parte debida a la influencia del profesor polaco, a quien tanto admiraba. Escribe versos anticlericales y en la polémica que se suscitó en torno a Leonard, Darío se identificó con quienes le defendían, escribiendo versos y artículos en favor de este. Leonard aparece así como otro de los educadores que ejercieron influencia en el jovencito Rubén.
La presencia de Rubén en el nuevo colegio fue breve. Una riña sin importancia con su primo Pedro le hizo perder la beca financiada por su tío Pedro Alvarado. Fue retirado del centro de manera grosera mientras participaba del almuerzo. Para entonces, Rubén ya ha advertido que los cursos sistemáticos y la asistencia puntual a clases no es para él porque no se avienen con su temperamento. Carecía de la disciplina necesaria para atender las explicaciones de los profesores y cumplir con los deberes escolares. También tenía dificultades con las matemáticas. Decide no continuar su formación escolar, incluso menospreciando la beca que le otorgó el Congreso para continuar sus estudios en el Colegio de Granada, cuando entonces su ambición era ir a estudiar a Europa.
El autor es jurista y escritor.