Objetivo buenos, trabajados con medios ineficientes suelen terminar con resultados mediocres. La cooperación internacional fue creada para canalizar recursos públicos hacia países y sectores de población que los necesitan; con el objetivo de mejorar su desarrollo (reducción de pobreza, igualdad de acceso a recursos y oportunidades, reducción de vulnerabilidad, etcétera).
Lastimosamente para algunas organizaciones internacionales pareciera primar más la lógica de la burocracia que la eficiencia y orientación a resultados. La prioridad pareciera ser cuidar la carrera funcionaria del burócrata de turno, en general un buen teórico, con ilimitada experiencia gerencial y casi ninguna habilidad o experiencia empresarial.
Al operar bajo “zonas de confort” que se ampararán bajo aparatosos procedimientos (creados paradójicamente para hacer más rápido y seguro el proceso), se corre el riesgo de llegar a adquirir la lentitud de un elefante bailando ballet.
La paradoja radica en que estas organizaciones tienen como una de sus premisas orientar a micro y pequeñas empresas, ubicadas en los países que apoyan a ser más rápidas, eficientes y orientadas a resultados; que es precisamente lo que estas organizaciones (burócratas), no aplican en su propia casa.
A veces se llega a extremos de reacción lenta inverosímiles, como el caso de la reacción internacional para detener el genocidio en Ruanda, que llevó a la muerte acerca de un millón de personas; la mayoría de las cuales pudieron haberse salvado en caso de una reacción más rápida de la comunidad internacional.
¿Cómo podrían estas organizaciones llegar a ser más eficientes y cumplir mejor el rol para el cual fueron creadas?
Sería importante empezar a contratar para puestos funcionarios a más personas con experiencia gerencial en instituciones de alta competitividad, a más empresarios exitosos; reducir su propia burocracia y tener la honestidad profesional de reconocer y hablar menos de lo que no se conoce bien y preguntar/consultar más las opiniones de gerentes y empresarios locales.
Orientar la producción de bienes públicos como electricidad, caminos, agua y saneamiento, acceso a recursos y educación de calidad, entre otros exigiendo una mayor rendición de cuentas, medición del beneficio/costo de cada iniciativa e implementando sanciones efectivas contra actitudes negligentes o poco orientadas a resultados.
Todo parte de empezar a practicar con el ejemplo lo que se predica y de cuidar cada centavo de recursos públicos como si fuesen propios.
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