La historia será siempre la misma, Esparta no podrá prevalecer sobre Atenas. Édgar Sosa por más que se sienta seguro, por más que en el destino del boxeo no se pueda controlar el resultado y existan los errores aislados en los considerados como boxeadores favoritos, la sinfonía de golpes de Román González aguardan el rostro lleno de platino de Sosa.
“Esta será mi resurrección”, dijo el mexicano, luego de la conferencia de prensa de ayer en Los Ángeles, pero le hería la luz de los flashes; sus palabras ante los analistas quedaron como una prédica en el desierto, el hombre solitario en la llanura tratando de perforar el arco del enemigo.
“Vamos a trabajar desde el primer round con un tipo de boxeo inteligente, el de la media distancia y a veces larga, que cuando baje sus manos tendrá mi golpeo y cuando tire golpes una contra esperará en su rostro”, indicó Sosa.
Para poder atacar o tener una oportunidad que parece imposible, Sosa tendrá que penetrar el perímetro de los acontecimientos y buscar a Román en el paraíso boxístico, donde se encuentra su nivel, tan valorado y apreciado.
Aunque Édgar Sosa se debe de cuidar de Román González en toda la construcción de la palabra, hasta sus sueños convertidos en pesadillas los describe como si el nica ya hubiera calado en su mente. González es un peleador que ha cambiado mucho, desde que fui sparring con él, es sistemático, para adelante, protegiéndose y golpeando al cuerpo, rostro e hígado, comentó. Sé que Román es un boxeador casi perfecto, porque perfecto solo es Dios, agregó.
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