Si los Ortega-Murillo distorsionan paso a paso la democracia en Nicaragua, reparar el daño causado y conducir el país a destino más seguro es un proceso que debe cumplir etapas.
Es sabido que el imperio de la ley debe retornar mediante elecciones, y para esto, que el Consejo Supremo Electoral (CSE) lo conformen personas idóneas, emitan cédulas de identidad sin preferencias, garantice comicios transparentes e incluya observación nacional e internacional creíble para noviembre de 2016.
Es por eso que, a falta de partidos opositores fuertes, todo indica que la palanca de despegue sería una alianza de ciudadanía y sectores —sin caballos de Troya— que genuinamente aspiren construir un Estado de Derecho, aglutinando tantos esfuerzos y talentos dispersos, presentando propuestas coherentes y exigiendo con valentía e inteligencia los cambios requeridos en el CSE.
Si ganar elecciones es parte del proceso para construir prosperidad y paz sobre las bases firmes de la democracia, y se reconoce la fortaleza y oportunidad que ofrece actuar juntos con ese propósito, entonces colocar la nación sobre intereses mezquinos debería ser el distintivo entre las personas y fuerzas políticas, dispuestas a agregarse como rocas sólidas sin pretender nada más que un lugar en la muralla ciudadana. A pesar de ser un asunto elemental, varios intentos han fallado.
Sin embargo, ciertos partidos, grupos y movimientos anunciaron encaminarse hacia una coalición. Entre ellos el Partido Liberal Independiente (PLI), grupos disidentes del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y excombatientes de la Resistencia. Un esfuerzo que se dice ha sido concebido y se articula con diálogo y paciencia. Si esto busca darle forma a una aspiración democrática colectiva, soy de la opinión que debe incluir a otros, entre ellos al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y organizaciones de sociedad civil bajo la bandera azul y blanco, la única que a todos cubre.
Ahora bien, si logran fortalecer su iniciativa, ¿será perfecta? Nada lo es. ¿Los rostros visibles agradarán a todos? Tampoco. ¿Se debe estar de acuerdo en cada detalle? No. El común denominador es luchar por la democracia. ¿Fueron algunos, en ciertos momentos, tontos útiles? ¡Sí! A esos los encontramos sin necesidad de lupa. Pero, si lo han reconocido, concedamos que han evolucionado. Como cuando usted era adolescente y poco a poco fue aprendiendo.
Es imperativo discernir la fantasía de la realidad. Si no somos capaces de aceptar que esto no es hacer café instantáneo, paremos de contar, porque ni Mandrake ni los X-Men son parte de estos asuntos. Lo que entrará en escena son desesperadas campañas oficialistas promoviendo rupturas, con la complicidad de conocidos personajes que se ahogan entre lágrimas de cocodrilos.
Me parece que esperar personas iluminadas, a quienes ni sus enemigos puedan criticar, simpáticas, sabias, carismáticas, lumbreras intelectuales con aliento aromático, cuerpos atléticos, rebosantes de picardía y sex-appeal que además canten, bailen y tengan la solución inmediata para cada uno de los problemas nacionales…, no es acertado. Esta etapa-carreta hacia las elecciones está para ser halada con los bueyes que tenemos. Y esto también es parte del proceso.
Si es cierto que una alianza es esencial, conservarla pondrá a prueba el carácter de sus miembros y su éxito dependerá si conoce el terreno que pisa, sabe a dónde quiere llegar, cómo y con quiénes, por qué y para qué. Solamente la intención correcta y firme determinación, abriendo espacios dignos a la juventud, siguiendo sin protagonismos una estrategia que sume buenas voluntades, podrán ofrecer a los nicaragüenses prosperar en paz, proteger a los necesitados, honestidad en la gestión pública y construir un Estado de Derecho, con lo que esto incluye e implica.