La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) ha vuelto a sonar la alarma por la grave crisis financiera del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Esta crisis se debe ante todo a que los gastos del INSS son mayores que sus ingresos. Pero también debe ser consecuencia de las malas inversiones que se han hecho con los fondos del INSS, que por principio pertenecen a los afiliados pero son manejados como caja de reserva del Gobierno y son invertidos de manera discrecional, al parecer para beneficiar a empresas y personas del entorno gubernamental. Esta es una percepción generalizada que la refuerza la misma dirección del INSS (con el respaldo del partido de Gobierno), al negarse a comparecer ante la Asamblea Nacional para informar sobre la crisis financiera de la institución y responder las preguntas de los diputados, sobre todo de la oposición.
La alarmante crisis financiera del INSS y las inciertas perspectivas de sustentación, a mediano y largo plazo, de las jubilaciones y demás derechos de los trabajadores afiliados al Seguro Social, son del pleno conocimiento público. Funides y los demás expertos en seguridad social han venido alertando sobre esta crisis, que como no se le atiende con responsabilidad empeora de más en más.
En su más reciente informe evaluativo sobre el INSS, Funides precisa que en el último año los ingresos de la institución crecieron alrededor de 18 por ciento. Pero su déficit financiero fue en igual período de 887 millones de córdobas, equivalentes a casi 33 millones de dólares.
Los ingresos del INSS aumentaron gracias a la reforma aprobada a fines de 2013 y vigente desde comienzos del año pasado, la cual aumentó la cuota patronal y comprometió al Estado a amortizar su deuda histórica con el Seguro Social. Sin embargo, a pesar del crecimiento de los ingresos del INSS el deterioro de su déficit en el último año fue de casi trescientos por ciento, simplemente porque los gastos siguen siendo más que los ingresos.
Resulta fácil entender que para enfrentar la crisis financiera del seguro social, y comenzar a revertirla, lo primero que se debería hacer es reducir los gastos del INSS, sobre todo los dispendios burocráticos y politiqueros que han crecido desmesuradamente. También hay que revisar las pensiones que han sido otorgadas por motivos políticos, pero cargadas al INSS en perjuicio de los trabajadores cotizantes en vez de pagarlas a cuenta del presupuesto nacional, como sería lo correcto. Además, hay que recuperar el dinero de los financiamientos irregulares que se han hecho con recursos del Seguro Social. Y de entrada poner al frente de la administración del INSS a personas competentes, que cumplan sus responsabilidades con ética y eficiencia.
Pero esto no lo podría hacer el gobierno de Daniel Ortega. Este ha sabido cuidar la macroeconomía y es eficiente en el desarrollo de infraestructuras y la realización de programas sociales clientelistas y obras fachadistas, sin duda, pero es incapaz de manejar correctamente un sector fundamentales de la administración pública, como es el de la seguridad social, ya no digamos respetar la institucionalidad del Estado que más bien la ha socavado para perpetuarse en el poder.