Un silencio ruidoso reinó en Las Vegas. Floyd Mayweather ha ganado. Se movió y flameó, golpeó y transpiró, amagó y rugió. Con 38 años cuando lanza golpes es un hombre sin edad. Él hizo de Pacquiao un refugio de excusas sin argumentos.
Lo envió a la inoperancia, a la cantidad de boxeadores que intentaron y murieron con las esperanzas de que un día todo sería diferente. Pero en el boxeo siempre sobrevive la ley del cazador furtivo, la del sigiloso, el que impacta cuando las pestañas se mueven.
¿Qué ha pasado? El ganador no es el aplaudido, Mayweather mandó a Pacquiao a la lista de los congelados en el ring. El incomprendido pidió clemencia y admiró a su rival, sin embargo no se ganó más que abucheos, más que toneladas de malas miradas, maldiciones y deseos de arrepentimientos de la “Pelea del Siglo”.
Pudo ser peor. Pacquiao en el suelo o en una esquina contra las cuerdas pidiendo un poquito de compasión por retar al invencible, el inteligente por excelencia, capaz de distorsionar cualquier estrategia, apoderarse del momento y dejar una huella sobre el rostro del filipino. El tiempo ayudó a que no pasará.
OTRO PELEADOR
Este fue otro Mayweather, alguien mucho más precavido, que tiene que hurgar en el cofre más profundo para vencer, con hielo en la sangre y fuego en los puños no entró en el infierno filipino, al contrario, supo administrar sus recursos, saber en qué momento entrar y salir o solamente salir, esperar y puntear.
Pacquiao enlutecido, no se convirtió en el farol en medio de la niebla, su izquierda potente lista para firmar la sentencia de muerte de Floyd, quedó oculta entre los deseos de los millones de fanáticos que desprecian el estilo del estadounidense. Pacquiao fue el veterano de guerra, Floyd el joven en su ocaso.
Una decisión unánime inobjetable, y Pacquiao tendrá que agradecer que el combate se realizó en el 2015, porque frente a Floyd, la racionalidad de un hombre que hace de todo por no perder pudo haber sido peor en otro momento, por lo menos así se percibe.
ALTOS Y BAJOS
3 derrotas tiene Manny Pacquiao en sus últimas seis peleas. Sin embargo , a pesar de ello, parece que su carisma lo impulsa a seguir generando dinero.
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