Con una tranquilidad que contagia, sin derramar lágrimas y sentada en una silla plástica blanca, Vilma Flores Mayorga, de 38 años, cuenta que necesita un trasplante de corazón para seguir viviendo. “Mi enfermedad inició desde chavala, pero no me habían diagnosticado ese problema que tengo desde hace tres años, me daba mucho cansancio, pero cuando los médicos me empezaron a tratar me dijeron que era taquicardia reactiva, una enfermedad donde el corazón reacciona aumentando su frecuencia y que te genera asfixia y desmayos”, explica.
La explicación se detiene. Una tos seca y fuerte le exige realizar pausas al momento de hablar. “Siempre creí que era un problema de vesícula que he tenido desde hace ocho años, se me inflamaba el estómago, me dolía, me desmayaba y sentía como que me ahogaba”, dice.
Lo que Vilma realmente sufría era un infarto de tipo silencioso. Pasó un mes sin poder dormir, con su problema no podía acostarse, tenía que utilizar muchas almohadas que la tuvieran medio sentada para lograr respirar, hasta que por fin decidió ir al Hospital San José, de Diriamba, ahí la examinaron y le practicaron varias pruebas, resultando con una anemia profunda.
En una clínica privada se fue a realizar otras pruebas y ahí descubrió que su hígado estaba demasiado inflamado. Visitó otra clínica donde le dijeron que tenía insuficiencia cardíaca.
Los problemas continuaban, los desmayos eran más seguidos y el dolor cada vez más intenso, a través de la gestión de su esposo logró conseguir atención en el Hospital Roberto Huembes, de Managua, y los especialistas en cardiología le dijeron que su estado era delicado.
Lograron conseguir asistencia en el Manolo Morales y las rutinas de chequeo empezaron, pero los médicos que la valoraron coincidían en que un trasplante de corazón era lo idóneo.
EMPEORA CADA DÍA
Desde enero pasado dice que su salud se ha venido deteriorando, las enfermedades y dolores regresaron, su movilidad es poca, solo del cuarto a la sala para ver televisión, no puede salir a la calle porque se cansa y si lo hace tendría que ser en una silla de ruedas y acompañada de algún familiar.
En febrero se vio más complicada y por la cercanía y pocos recursos económicos acudieron al Hospital Santiago de Jinotepe. Le dio neumonía e infección renal y se le volvió a crecer el hígado.
Desde ese tiempo hasta la fecha, Vilma tiene que depender de un cilindro de oxígeno que le cuesta 1,500 córdobas, y le dura solo cuatro noches. Debido a su incapacidad no puede trabajar, su esposo no tiene ingreso fijo y aunque le recomendaron hacer dieta, a veces es casi imposible, porque si lo hace dejaría sin comer a los demás miembros de su familia.
Sufre de convulsiones. Vilma tiene dos hijas una de 15 y otra de 20 años. La mayor, María Marcela Rivera Flores, estudiante de Psicología, es la que se encarga de los quehaceres de la casa y de atender a su mamá. Sabe muy bien los medicamentos y las dosis que le debe suministrar, pero le preocupa que un día su madre deje de ver la luz.
“Mis hijas y amigos son los que me han ayudado, yo quiero seguir viviendo porque no quiero dejar sola a mi familia y eso es lo que más me duele”. Vilma Flores Mayorga, de 38 años.
Solicitan ayuda urgente
Esta humilde familia pide ayuda a la primera dama Rosario Murillo, a personas y organizaciones que puedan leer la historia a través de este medio, para que Vilma Flores Mayorga sea atendida por buenos especialistas y de ser posible buscar la manera de un trasplante de corazón en el exterior.
Dejan todo en manos de Dios. Vilma duerme en una cama especial y necesita de algunos medicamentos que le ayudan a mantenerse con vida, como Carvedilol de 6.25 mg, Furosemida de 40, Aspirina para niño, omeprazol, aldactone de 100, Irbesartán de 15, Digoxina de 0.25, entre otros.
Habitan de la iglesia San José, en Diriamba, dos cuadras al Oeste media cuadra al Sur. Para cualquier colaboración pueden contactar a Vilma a los teléfonos 78743660 y el 85784299.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A